22 sept. 2010

Con cariño, desde España

Hola Anne!!!

No he sabido nada de tí desde hace mucho tiempo, y me ha costado mucho acostrumbrarme a que no estés en Jerez, aunque te parezca mentira tú has sido uno de los pocos motivos de que este verano fuera mucho mejor que cualquier otro.

No puedo creerme todo lo que te ha pasado, y ha debido ser muy duro tener que tomar tantas decisiones bajo tanta presión y estando sola a miles de kilómetros de tus padres. Me hubiera encantado que me llamases para poder hablar de ello pero sé que resulta difícil contar tantas cosas mientras están pasando.

Me ha encantado tu correo. Como siempre, sigue sorprendiéndome la facilidad con la que te expresas en español, resulta divertido leerte porque me demuestras que solo hace falta interés y paciencia, eres genial.

Aquí todo bien, poco a poco empieza a nublarse y las hojas, aunque lentamente, se caen de los árboles que veo desde mi ventana, aquí en Jerez. Ha llovido alguna que otra vez, pero Pablo y yo nos resistimos a pensar que ya a penas queda verano y de vez en cuando vamos a dar paseos a la playa, vemos los atardeceres y nos volvemos a casa.

Hoy me he despertado temprarno y he ayudado a mi madre a limpiar un poco la casa. Estoy muy cansada, será porque anoche volví a acostarme tarde... invité a todos a cenar a mi casa porque mis padres se habían ido a Algeciras a recoger a mi hermano del ferry que le traía desde Marruecos (mi hermano ha pasado unos cuantos días allí con un amigo que tenemos que es marroquí). Fue muy divertido, nos reimos mucho. Todos te recuerdan, que lo sepas, todos me preguntan por tí, y ahora les digo que estás bien, que ya has empezado y que también nos echas de menos...

El viernes voy a mi primera fiesta universitaria de este año. Me quedo en casa de una amiga de mi clase y nos juntaremos todas allí para maquillarnos y vestirnos, estaremos fuera toda la noche, espero que valga la pena, porque mis pies no aguantarán tanto!! :)

He aprobado todo, este curso lo empiezo sin ninguna asignatura del anterior, cosa que me tranquiliza. Este curso, como creo que ya te dije, empiezo mis prácticas clínicas en hospital, centro de salud y talleres. Estoy muy animada y cada vez creo con más optimismo que esto es lo mío.

Ayer fui al Coloma, ¿lo recuerdas? Se me hizo muy, pero que muy extraño volver allí y ver que nada había cambiado. La verdad es que nunca lo eché de menos... hablé con muchos profesores que se alegraron de verme, incluso mi profesora preferida, la que me daba biología, me invitó a que diera una charla en su clase de ciencias sobre los pros y los contras de entrar en Medicina, de cómo me iba y cualquier cosa que quisieran preguntarme. Fue muy emocionante, porque hace dos años no me hubiera creído que estaría donde estoy.

Empiezo las clases el cuatro de octubre, aunque me iré antes a Cádiz a preparar mis cosas, hacer la mudanza y dejarlo todo listo. Ojalá pudieras venirte en Navidad, o incluso irme yo. Tenemos que planear algo poquito a poco, para que nada salga mal...

Supongo que preguntarte qué tiempo hace allí en Alemania sería meterme contigo un poquito, porque seguramente allí ya esteis con jerseys y con pantalones de pana, ¿¿no?? Sabes que me encanta el invierno, así que en parte, ¡te envidio! Ya sabes que pienso que tú y yo nos hemos conocido porque el destino quiso que algún día nos cambiásemos las vidas. Yo allí y tú aquí... ¡¡ERES MÁS ESPAÑOLA QUE YO!!


Espero noticias tuyas.

Muchísimos Küssen. Te queremos...

De tu española favorita, Irene.

13 sept. 2010

Destino cruel

Estoy en trance. Acabo de comprender (aunque de forma esquemática) tras una larga conversación, qué tipo de antepasados tengo, de dónde venían y cómo eran.

Todo ha pasado a raíz de una joya antigua que he descubierto "sin querer" entre las cosas de mi madre. En mi casa, las conversaciones sobre el pasado de mi familia son muy comunes, porque a mi padre siempre le ha gustado indagar en esos temas.

Se remonta a mi tatarabuelo. Era notario en Madrid, fue el primer estudiante de la familia de mi padre, cuyo título según me han dicho, fue firmado por la Reina Isabel II. Pertenecían a familia adinerada, con antepasados de Fuenteovejuna, pueblo de Córdoba que linda con Extremadura en el cual nacieron mis padres.

Mi tatarabuelo era un privilegiado, que no sé muy bien cómo consiguió estudiar, ya que por aquella época dificilmente uno se disponía a eso y su padre además, aunque desconozco a qué se dedicaba, no tenía mentalidad abierta. El caso es que se convirtió en una persona más que respetada en Madrid, con un piso en una de las plazas más céntricas de la ciudad y lo que más me ha perturbado, descansaba en verano junto al Escorial con toda su familia. También he visto cartas que se escribía con Sagasta, presidente del Gobierno del Partido Liberal en el siglo XIX.

Desgraciadamente murió a causa de un infarto o una angina de pecho, según su certificado de defunción. A todo esto su familia, al no poder mantenerse en Madrid, decidió irse al pueblo del que procedían, Fuenteovejuna, para así vivir del capital que el patriarca les había dejado y, si aquello les fallaba, ir vendiendo las fincas que tenían por aquella zona. Así al menos se aseguraban una vida más que digna para ellos y al menos una generación más.

Sin embargo, las malas inversiones y la poca cabeza de los predecesores de mi tatarabuelo, hicieron que la fortuna de la que podían presumir se esfumara en poco tiempo. Siguieron siendo gente estudiosa, de leyes, sobre todo, pero como dignos hijos de señorito, no estaban acostumbrados a luchar por nada, así que cuando la vida les golpeaba, simplemente no se levantaban.

Mi abuela, nieta del susodicho, nació del matrimonio entre el mayor de los hijos de este y una mujer del pueblo. Ella se casó con mi abuelo, veterinario de Fuenteovejuna. Y así, por fin, surgió mi padre.

Y ahora digo yo: Si mi tatarabuelo no hubiese muerto tan joven, todos sus hijos se habrían quedado en Madrid, habrían seguido formando familias adineradas y probablemente el hecho de tener ascendencia melariense (de Fuenteovejuna) solo sería una anecdota. Lógicamente ni mi abuela, ni mi padre ni yo existiríamos. Sin embargo mi madre sí. Ella se habría casado con otro hombre, tenido otros hijos y vivido en cualquier otro lugar.

Curiosamente el destino quiso que lo que fue traumático y le destrozó la vida a una familia, a mí me la diera. Existo, como quien dice, gracias a que alguien por aquél entonces tuvo que tomar la difícil decisión a raíz de una muerte, de mudarse a un pueblo recóndito a probar suerte.

Eso me hace pensar también que si mi padre no hubiese pedido traslado a Jerez, y se hubiese quedado en Córdoba, yo no habría conocido a mi novio, por ejemplo. ¿Quiere decir eso que si mi alma gemenla estaba en Jerez, si no me hubiese mudado no la habría encontrado nunca?

Sinceramente, lo más lógico es pensar que no existen las almas gemelas. Posiblemente ahora estaría con un chico en Córdoba que me hiciese felíz... lo típico.

Pero... ¿y si el destino finalmente me hicera conocer a mi novio en Jerez? No es tan difícil, porque la nota para entrar en Medicina solo me daba para quedarme en Cádiz, que es donde él estudia...

Menuda paradoja. Soy fruto de la muerte y de las decisiones difíciles.

Me duele la cabeza, voy a dormirme.

12 sept. 2010

Se cierran los chiringuitos

Cada vez que pienso que empecé con mal pie, me asusta tener que volver a pasar por lo mismo. Resulta estresante. He luchado toda mi vida (más concretamente estos tres últimos años) para conseguir un objetivo, el de ser estudiante de Medicina.

Me han obstaculizado numerosas catastróficas desdichas, una de las que más me costó superar fue mi crisis de identidad, allá por octubre de hace dos años. Sin embargo no perdí el entusiasmo y lo dí todo. Creo cada vez con más seguridad que la vocación no da los aprobados, pero te empuja a luchar por ellos como si de tu vida se tratase.

Una vez dentro, todo cambia. Pasas de verlos como héroes y unos completos sabios, a verlos como lo que somos: gilipollas que lo dan todo sin recibir nada a cambio, (defínase todo por vida entera).

La Medicina no es nada por lo que sea gratificante pegarse tortas. Es más, es agotador estudiar durante horas, hacer trabajos y prácticas al mismo tiempo, acabar con tu vida social, y lo peor de todo: saber que se tiene la mayor responsabilidad del mundo, tener una vida en tus manos.

Cuando quiero darme cuenta, estoy hablando de Medicina. Hoy he ido a comer con mis amigas de la facultad. Tenía muchísimas ganas de contarles lo bien que me lo había pasado este verano y de preguntarles qué tal todo, en fin, lo típico de un reencuentro. Hemos acabado en la biblioteca explicándole a una de ellas sus dudas sobre Citología para su examen de septiembre. Todas estamos deseando volver a estudiar, pero esta vez desde el principio. Ya estamos planeando cómo quedaremos y qué estudiaremos en la biblioteca. Tengo que admitirlo, por muy raro que parezca, admito que una vez que caes, es difícil salir de este mundo.

Nadie que no sea del gremio podrá comprender jamás la pasión que puede sentirse por todo lo que rodea a la Medicina, por la idea de ser verdaderamente útil el día de mañana, por los conocimientos que se adquieren, por la satisfacción que supone pensar "voy a curar a la gente, voy a devolverles la esperanza, voy a hacer que se sientan mejor". De verdad que quiero intentarlo.

Ha pasado un año desde aquél felíz día en el que me enteré de que había entrado por fin, tras tanto sufrimiento, en el mundo al que había soñado pertenecer durante mucho, mucho tiempo atrás. He pasado un año orgullosa de lo que soy y he aprendido a quererme por haber hecho las cosas por mis propios medios, a pesar de haber sido difícil en ciertas ocasiones. Lo he conseguido. He superado mi primer curso.

A pesar de haber tenido que estudiar en septiembre, sin duda ha sido el mejor verano de mi corta, y podría decirse, intensa vida. Vuelvo con energía y fuerzas para enfrentarme a lo que sea. Los chiringuitos están ya cerrados, los niños ya van al cole... qué rápido pasa el tiempo... ¡mi segundo año! :D

9 sept. 2010

Mi pequeño gran lujo


Amanecí dolorida, el día de antes había estado luchando en la piscina de una amiga contra varias chiquillas de entre seis y diez años.

Una de ellas siempre que me ve sale corriendo y le da un abrazo a una de mis piernas y me dice: métete en la piscina, vamos a jugar. Evidentemente no puedo resistirme, es una niña adorable, a la que por cierto se le partió la clavícula a principios de verano, por lo que la he visto pasar de ser una niña tímida y asustadiza con el brazo en cabestrillo a ser una personita llena de vitalidad y con gran agilidad.

Hay otra niña a la que sinceramente admiro, quizás porque es la antítesis de lo que yo fui en mi día. Me esforzaba mucho para que no me relacionaran con los gamberros de mis primos y hacía todo lo posible para que me identificaran como lo que quería realmente ser, una niñita fina y recatada, con madurez suficiente como para saber que estaba mal lo que hacían los cafres esos (vamos, un muermo de niña). Ella en cambio es impulsiva, alegre, segura de sí misma, guerrera, pasional e hiperactiva... el otro día le dije que me dibujara un perro y me pidió permiso para dibujar a un perro salchica con una camiseta, simplemente quería ser diferente. Me alegra el día cuando me dice que soy su mejor amiga, tengo un pequeño cofre con pulseras y dibujos que me regala. Ojalá no cambie nunca su forma de ser, me enseña tanto...

Como iba diciendo, me desperté dolorida, sin embargo no era motivo suficiente para negarme a acompañar a mi chico a un examen en Cádiz. Así que metí el libro que me estoy leyendo ahora en mi superbolso y me coloqué mis gafas de sol. Lista para pasar unas horas en la Caleta, solo yo.

Después de comer con él, le desee buena suerte y me fui a la Facultad de Medicina, mi hogar, como quien dice. Hacía tiempo que no la veía y tenía interés por las obras que están teniendo lugar antes del nuevo curso. No era para tanto, una cafetería nueva y sillas nuevas de color rojo para todas las aulas.

Llegué a la Caleta por el camino de siempre. Dedicí bajar por las escaleras que dan directamente a un pequeño bar turístico pero muy familiar que hay prácticamente a la orilla del mar para tomarme un café mientras leía mi libro. Creo que ha sido la primera vez que he visto la marea tan alta allí, había olas muy grandes que chocaban contra el muro que separa al bar de la arena. Sin embargo hacía un día espléndido, luminoso y con una brisa de poniente que movía las sombrillas con cierta constancia. Ahí me quedé, en una mesa solo para mí, con un café con leche y un libro de ensayos que me tiene absorbida.

Una de las veces que levanté la mirada del papel y me quedé mirando cómo las olas se estampaban contra las barquitas de colores que meses antes, en invierno, había visto reparar por los marineros más típicos que te puedas imaginar, me dí cuenta de lo afortunada que soy. Afortunada por conocer ese pequeño gran lujo, el de estar en la orilla de un mar guerrero de color turquesa con arena dorada y un viento fresco azotándome en la cara...

Sólo podía pensar en una frase que leí de aquél libro de ensayos que decía que se puede escribir sobre cualquier cosa, incluso sobre el camino que hace una hormiga por una pequeña grieta en el suelo. Ese sitio, la Caleta... me hace olvidar cualquier pensamiento negativo y me llena la cabeza de buenas sensaciones y de palabras sueltas que deseo reunir para formar esto que escribo. Paco de Lucía, al que por cierto pude ver en directo hará unas dos semanas, le compuso una canción preciosa, y no me extraña... de este pequeño paraíso solo pueden salir cosas buenas.

Pedí la cuenta, pensé que me estaban queriendo decir algo apilando todas las sillas y mesas en un rincón, como si quisieran cerrar el bar para poder bajarse a la orilla a disfrutar del sol, como todos los demás. Así que me fui de allí para instalarme debajo del valneario, apoyada en una columna, con el mar de frente. Es curiosa la cantidad de escenas divertidas que puedes ver en un rato, solo observando: desde unos niños nadando hacia una barquita verde esperanza para poder subirse y tirarse al agua como si de una plataforma se tratase, un anciano calentando en la orilla antes de entrar a darse un baño, una niña pequeña jugando a "vestirse" con la funda de una almohada que le dio su madre (cosa que me hizo mucha gracia porque después descubrió que podía ponerse sus pequeños pantaloncitos en la cabeza como si fuera un sombrero y resultaba adorable), palomas buscando las migas de pan que dejan los que almuerzan allí, los maridos dormidos como troncos de las típicas gaditanas que hacen punto en la playa mientras se cuentan los cotilleos...

De pronto me suena el móvil, es una amiga de Cádiz, quería saber si saldríamos un día de estos allí todas las niñas juntas. Como daba la casualidad de que yo ya estaba allí, le respondí diciéndo dónde estaba y que se viniera a verme un rato antes de que él acabara el examen. Ella aceptó, así que la esperé sentada mientras observaba todo aquél panorama.

Finalmente acabamos, no sé cómo, sentados todos los compañeros de mi chico, él, mi amiga y yo en otro bar también en la Caleta celebrando haber conocido a dos de ellos que tenían que volver a su casa después de un curso como erasmus de Italia. Así que tras unos juegos de magia, unas copas y unas risas, les dijimos adiós.

Hemos vuelto los dos a mi casa, hemos cenado por fin a solas, él y yo... A pesar de estar muerta de cansancio he sentido la necesidad de escribir esto antes de que se me olvidara todo...