30 dic. 2010

La Cruda Navidad


Cuando cenamos con la familia en Navidad siempre se nos pasa por la cabeza el gran trabajo que ha supuesto comprar los alimenos, cocinarlos, prepararlos, servirlos, la decoración de la mesa... pensamos también en lo felices que somos por tener todo, o casi todo, lo que queremos: familia, salud, amor, cariño y porqué no, algo de dinero. Pocas personas recuerdan entonces que existe alguien en alguna parte que sufre, que tiene hambre, que está solo y que por supuesto, no recibirá ningún regalo.

Constituyen la parte oscura de la Navidad: los desfavorecidos, los que sufren la soledad, los hambrientos, los no queridos, los enfermos, los viudos, huérfanos... Ellos existen, y por ello quiero dedicar esta entrada a su recuerdo, porque soy la primera que a veces lo olvida, porque ellos merecen una verdadera Navidad más que nadie y durante los 365 dís del año.

Nunca me ha gustado la Navidad. Lo cierto es que me esfuerzo para que no sea así, intento mirar el lado positivo de esta fiesta tan luminosa, tan cercana, entusisasta, cálida... pero cuando me adentro en el espíritu navideño e intento escudriñarlo al máximo lo único que obtengo son las palabras materialismo y teatro y un buen motivo para estar con las dos personas que no veo entre semana, mis padres.

Es difícil creer en el espíritu navideño si te bombardean a spots publicitarios las 24 horas del día, si vas a una juguetería y oyes a una niña de siete años chillarle al padre porque no quiere compartir un juguete con su hermano, si ves a gente pedir en la calle mientras compras, si ves a borrachos salir de una zambomba...

Me quedo con el frío y una manta, con el turrón y un vaso de leche, con las luces y el suelo mojado, me quedo con el recuerdo amargo de que hay quien no puede disfrutar de esas pequeñas cosas...

Próspero Año Nuevo.

5 dic. 2010

Disney


Cuando nos sentimos mal, nada ni nadie excepto un héroe Disney suele animarnos... Peter Pan (su autor padecía el síndrome que le da nombre al famoso cuento, se hizo adulto demasiado temprano y reclamó su infancia a través de la literatura) es del que hablaré hoy.

Los sueños de la infancia se frustran en ciertas ocasiones: cuando se "crece" drástica y antinaturalmente (un divorcio, una muerte, una enfermedad, un traslado...), cuando a un niño le exigen demasiado (ser el mejor estudiante, ser el más bueno, el más guapo), etc. Ello puede ocasionar, en el primer caso, una madurez anticipada que conllevará un exceso de responsabilidad y de sentimiento de culpa en todo lo que le rodee. En el segundo caso, el individuo puede llegar a ser alguien de éxito, pero puede convertirse más fácilmente en una persona frustrada y sin metas en la vida. Al no estar acostumbrado al fracaso, puede ser fatal que pierda en algo.

Los "Peter Pan" son muy vulnerables, aunque parezca lo contrario. Que tengan una gran coraza es únicamente el resultado de ser como son, pero como dice el sabio Refranero español, "La procesión va por dentro". Es raro de explicar, porque me da la sensación de que la fortleza espiritual de la que presumen para cuidar de los demás, es la misma de la que carecen para consigo mismos, como si de una madre se tratase. Yo soy Peter Pan. Hago propio cualquier atisbo de culpabilidad que genere algo que, en principio, debería ser ajeno a mí. Me preocupo más por los sentimientos de los demás que por los míos propios y animo y atiendo a todo el que se sienta triste con más ahínco que su propia madre.

No puedo dejar de preguntarme: ¿A caso ser así beneficia realmente a alguien?

Hace tiempo conocí a una "Peter Pan". Fuerte y dulce, sin nada más que su cabecita loca y su risa pegadiza. Personas como ella aportan luz a quien se encuentra perdido en un camino oscuro, porque saben cómo mirar y hablar a quien lo necesita. He llegado a la conclución, con el tiempo, de que es por su intensa experiencia en su corta vida. Saben tanto... y aman con tanto empeño... Pero nunca lo reconocerán, quizás forme parte de su don, el de sentirse nadie cuando lo son todo...

Peter Pan es el que nunca fue niño del todo y el que más paz e ilusión reparte en el mundo adulto. Parece que beneficia mucho más al que se ve apurado y es cercano al personaje que a él mismo, pero no tiene porqué ser así. Puede que todos salgan ganando, al fin y al cabo alguien debe hacer reír a los demás en los momentos tristes y debe aconsejar a los indecisos. Quizás sea hora de entender qué lugar ocupamos en el mundo. Quizás deberíamos plantearnos la importacia que tenemos en la vida de los demás antes de pensar que estamos perdiendo el tiempo, que solo somos aquella niña de tirabuzones negros...