4 nov 2012

Carta a RTVE


Soy estudiante de cuarto de Medicina en la universidad de Cádiz. No me considero una persona especialmente escrupulosa y he pasado horas en quirófano oliendo a heces putrefactas como consecuencia de una obstrucción intestinal grave de varios días de evolución y me tocará soportar muchas cosas más (y quizás peores) en mi profesión.

Hoy, domingo, en el informativo de la hora de comer, el que más familias ven, han emitido un reportaje largo y completo sobre los cadáveres que se encuentran sin documentación que no pueden ser identificados y que nadie reclama. Todo parecía ser un reportaje normal, meramente divulgativo y anecdótico hasta que han comenzado a aparecer fotografías de personas fallecidas (no cuerpos sin vida, sino PERSONAS, con madre y padre, al menos), individuos ahogados, descompuestos, entumecidos, ensangrentados...

La primera pregunta que se me vino a la cabeza tras cambiar el canal (no por asco sino por indignación) fue quién demonios ha permitido que esas imágenes se hagan públicas y totalmente notorias en la primera cadena de televisión, ya que, por ley, tendría que haber un secreto profesional entre el médico forense y el paciente (sí, el fallecido).

La siguiente pregunta que no pude evitar hacerme fue qué sentido tiene hablar sobre los cadáveres que nadie reclama en un informativo si lo que importa es que la familia o amigos del cadáver lo reconozcan a través del instituto anatómico forense o la policía y no a través de la tele (me ha sonado al más macabro de los programas estilo “Diario de Patricia”).

Y ya que a alguien sí le ha parecido buena idea hablar sobre el tema, ¿no se ha dado cuenta de que TODA LA INFORMACIÓN QUE HAN DADO podría haberse entendido igualmente sin esas imágenes tan traumáticas, crudas y desgarradoramente frías?

¿Dónde dejaron la empatía?

¿Es que es necesario tanto morbo para atraer a la gente? Ya no es cuestión solamente de herir o no la sensibilidad de un “sensiblón” o “sensiblona”, están jugando con la educación de las personas, están enseñando que los pies asomando por debajo de una sábana blanca en el suelo de una calle destrozada por una guerra, o  los charcos de sangre en los portales de las casas donde hubo violencia de género, los mutilados o niños muertos de hambre, son tan normales como “el llover”. La gente se está acostumbrando a ver todo tipo de  atrocidades y está dejando de tener sentido. Ya nadie se asusta. Ya nadie siente empatía.

Las verdades hay que decirlas (aunque la verdad que se cuenta en televisión ya ni es verdad ni es nada), no hablo de censura, pero creo que es importante proteger la sensibilidad. Es la sensibilidad la que promueve el espíritu solidario de las personas, la que mantiene la ilusión viva, la que da imaginación y libertad de expresión y crítica.
Están ustedes convirtiendo a los niños y jóvenes (el futuro) en peleles violentos, grises, vacíos e insensibles. Están deshumanizando a la población. Sin humanidad no habrá nada que nos distinga de las bestias.

31 oct 2012

Una bombilla fundida

En Cádiz existe un lugar recóndito desde donde la nada, heterogénea, vacía y hueca, toma forma y color.

 Una farola apagada es suficiente para que, al anochecer, se fundan el cielo y el océano y sean inseparables hasta que la luz del sol los descubra por la mañana. He intentado muchas veces mirar al horizonte y saber al instante dónde se acaba el mar y empieza el cielo, pero ambos son de un negro tan intenso que he de tomarme unos segundos antes de que una débil línea, casi imperceptible, fruto más mi imaginación que de la realidad, tímidamente rompa el nexo místico entre agua y aire. 

No son estrellas, sino barcos pesqueros, que en mitad de la madrugada húmeda y desafiante se intuyen a lo lejos, casi como los astros, pletóricos de protagonismo, que brillan allá arriba, con solo alzar la vista. Parecen reflejos...

Un sólo color, el más profundo y oscuro de todos, es capaz de crear un momento mágico que invita a usar los cinco sentidos: ese rincón del paseo marítimo donde tus ojos pueden ser tan confidentes como traidores; y tus oídos se hacen dueños del silencio roto por las olas; que sabe a vida; que huele a inmensidad; y que desborda fuerza y coraje.

Ese tramo olvidado en penumbra es una parada obligatoria las noches que salgo a correr en Cádiz. Allí no hace falta cerrar los ojos para pensar o soñar y al respirar hondo, el aire fresco y húmedo que inunda mis pulmones, me recuerda que no hace falta que despierte porque soy más consciente que nunca de que estoy viva. Allí mis problemas desaparecen y siempre me inspira el comienzo de algún poema o el tema de un bonito lienzo. Allí mi imaginación se apodera del momento y los colores que no he sabido apreciar durante el día, de pronto me vienen a la cabeza, como si intentaran dar luz a la escena.

Cada día, antes de pasar por ese misterioso lugar, cruzo los dedos para que a nadie en las últimas 48 horas se le ocurriera arreglar la farola, y así, yo pueda disfrutar de la imperfecta sincronía que me brinda una bombilla fundida.




21 sept 2012

Cafeína y estupidez humana

Pasadas las doce de la noche, el hoy se convierte tímidamente en mañana. Hoy ya es ayer y todavía no he conseguido cerrar los ojos ni dos segundos. Me tumbé en la cama, acalorada, con la persiana levantada como cada madrugada, y aún sigo mirando al techo, intentando arrancarle el remedio para mi insomnio. El fresco viento que entra por la ventana sacude la puerta de mi habitación y ésta al agitarse produce un ruido incómodo que me provoca.... Enciendo el portátil...

Dos insípidas tazas de café del IKEA han tenido la culpa de que no esté ahora mismo soñando.

Llevo meses intentando escribir. Reconozco que lo he intentado poco, pero con todo no he sido capaz de pasar de tres frases "pseudoprofundas" a las que coronaba ingeniosamente con un título original o simpático. Pensé en escribir sobre la estupidez humana, y es lógico: no sé si soy yo pero cada día me doy cuenta de que la imbecilidad es una epidemia para la que no existe cura, y cada día hay más víctimas.

La crisis. Esa bonita trola que nos venden sobre que somos los únicos culpables de que el país se hunda y que nos arrastre a nosotros también empieza a retumbar en mi cabeza como el mítico, chillón e insoportable "politono" que SIEMPRE suena en el peor momento (un funeral, una consulta médica, el cine, un museo...). Me pregunto cómo no nos dimos cuenta antes de que la cantidad de ineptos-incultos-mafiosos que nos gobernaban acabaría provocando el cáncer que hoy nos consume, ¿cómo no lo vimos venir? ¿Tan agusto se estaba en la burbuja? Me pregunto cómo puede haber gente tan asquerosamente egoísta como para jugar al monopoly con las viviendas de gente que acaba en la calle y dejarlas vacías hasta que alguien las compre de nuevo... SÍ, VACÍAS. Me pregunto cómo puede permitirse la especulación y la consecuente subida estelar del interés por haber comprado deuda de un país, que significará el empobrecimiento de millones de personas y la esclavitud de una sociedad en deuda por décadas y décadas. Me pregunto cómo se pudo dar crédito a personas SIN NADA cuyos ingresos eran 3/4 partes dinero negro de la construcción/mecánica/fontanería que adquirían un Mercedes o un BMV a los veinte años (como premio, supongo, por haber dejado los estudios a los 16 y haber sido más listos que todos sus pringados compañeros que decidían "invertir" en su futuro estudiando una carrera) con vidas de lujo, que pedían un préstamo para pillarse una tele. Me pregunto cómo el gobierno Japonés ha dimitido por haber tenido que subir el IVA sin que hubiese estado previsto en el programa electoral y en este país de caquitas (sí, soy una señorita y no digo tacos) parece que encima tenemos que darle las gracias a los cuatro gilipollas por haberlo subido aun habiendo jurado y perjurado que no lo tocarían... 

Pero no hay dos sin tres, que somos recampeones de Europa, ¡eh!

La mala educación. Podría resumirlo en que el nivel de la enseñanza de ciencias en España está por debajo del de Camerún. Pero me gustaría extenderme un poco más, si a ti no te importa (y si no también, para eso es mi blog, leñe). No sé si alguien se ha fijado pero empiezo a darme cuenta de que a los concursos que ponen en la tele va gente "especial", ya sabes... Quizás la culpa original sea de los guionistas, que cada vez hacen preguntas más tontas, pero es que cada vez hay más gente que las falla y peor: que lo ve normal. Concursos que son auténticos shows espectaculares con magos, música, ruletas, luces, caídas, botones gigantes, trampillas... TODO ESO PARA QUE te pregunten para qué sirven las cejas y dudes entre para evitar que caiga el sudor a los ojos o que son de adorno, o que a la pregunta "fruta que comparte nombre con una provincia andaluza" se conteste NÍSPERO... País de catetos e incultos... ¿pero a quién queremos engañar? Ídolos nacionales como Belén Esteban o Kiko Matamoros han causado estragos en las mentes españolas. ¿Qué bueno puede surgir de programas de prensa rosa donde solamente se oyen voces y disparates y se ven tetas y culos durante horario infantil? Sálvame Deluxe... ¿Es que la gente no se da cuenta de lo patética que resulta su vida sentados delante de esa basura durante horas, día y noche? ¿Cómo puede haber gente capaz de tener ideas propias y capacidad de crítica si JAMÁS ha leído un libro (no cuentan los folletos de propaganda) o un periódico? Estamos anestesiados e insensibilizados. Los niños no sienten pena o empatía cuando ven a otro llorar, cuando hacen daño a alguien. Los niños están hartos de ver en las noticias a cadáveres ardiendo o restos de sangre en un atentado terrorista, o de ver películas o videojuegos en los que el protagonista (el bueno) tiene como misión cargarse a una docena de hombres. Los niños ya no distinguen el egoísmo de la solidaridad, y no quiero echarle toda la culpa a los medios porque los padres influyen muchísimo. Es mejor ponerle al niño una película cuando va en el coche para que esté entretenido y no moleste a mantener un diálogo con él o que simplemente se recree observando el paisaje y fomentando su curiosidad e imaginación. ¿Es que es normal el caso de la niña china, esa pequeña atropellada y agonizante observada e ignorada por los transeúntes durante días que acabó muerta? ¿Pero en qué clase de seres nos estamos convirtiendo? ¿Cómo hemos podido perder tantos valores?

Miro al techo. Respiro hondo y me digo "la estupidez humana es inmensa... tendré que hacer segunda parte".

Voy a dormir un poco, que mañana madrugo... puñetero café...