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30 ago 2016

Etéreo y fugaz

Me encanta la sensación de verme incapaz de percibir el límite de las cosas. A veces me sorprendo jugando al mismo juego que me entretenía en la infancia: miro al horizonte e imagino que estoy en el último árbol que veo en el campo, o sobre la última ola del mar. Siempre me ha hecho pensar que esté donde esté, habrá un nuevo horizonte, y un lugar nuevo al que ir.  

Los veranos solíamos observar las estrellas desde nuestra piscina en el campo. Recuerdo que al atardecer miraba desde la terraza entre las copas de aquellas frondosas encinas por si había algún tímido ciervo o algún zorro escondido. Mientras el Sol se escondía, mi padre preparaba su telescopio y mi madre nos reñía por ir descalzos (por si pisábamos algún escorpión). Los grillos, cigarras y ranas, con su música nos confirmaban que el día estaba llegando a su fin. 

Todavía hay veranos que intentamos coincidir para ver las Perseidas (ese fenómeno que se produce a mediados de agosto, por el cual pueden verse cientos de estrellas fugaces en la madrugada). Este año, desde hacía muchos, reservamos en la sierra de Cádiz, un hotel precioso y aislado de todo, en la cima de un monte y un lago entre las faldas de las montañas. A la una de la mañana apagaron las luces del hotel, y súbitamente, tumbados en el césped, empezamos a reconocer el cielo tal y como lo habíamos visto de niños.

La oscuridad era tal, que mis otros sentidos se agudizaron, y empecé a oler a tierra mojada y a césped recién cortado. La montaña se fundía con el firmamento y la vía láctea lo cruzaba de lado a lado, como una nube que serpenteaba y titilaba al son de millones de astros. Allí estaban las constelaciones que mi padre nos señalaba hace más de una década, allí estaban mis recuerdos brillando.

Qué etéreo y vacío es ese completo desconocido. Y entre todo ese abismo de luces y oscuridad, entre todo ese silencio, allí tumbada estaba yo, contando las estrellas fugaces que cruzaban allá donde fijase un instante la mirada, contemplando aquella inmensidad.

Una mota de polvo puede producir, al atravesar la atmósfera, un destello de luz, una estrella fugaz, y sólo es una partícula que lleva, quizás, millones de años vagando por el espacio infinito, y en tan solo un segundo, desaparece. Todo acaba en un segundo.

Esa sensación de insignificancia e indefensión, me ayuda a darme cuenta de lo que verdaderamente importa, vivir bien día a día. Aprovechar nuestras circunstancias y los recursos que tenemos (que no son pocos) para terminar esta vida, fugaz y frágil, habiendo querido y sentido una pequeña parte del mundo.


31 jul 2016

I'm alive

Bienvenida/o a mi nuevo blog.

Creo que no podría haber estrenado nueva imagen y nueva vida con mejor canción. Mensaje claro y fuerte: Sigo respirando, sigo viva.

Diferentes obligaciones y actividades me han distanciado de esto, y lo echaba mucho de menos.

Hoy empieza la nueva vida de este viejo blog, pero mi la mía empezó hace ya algún tiempo, después de acabar quinto de carrera, y dejar Cádiz, mi mayor fuente de inspiración, para terminar sexto curso y estudiar el MIR (la oposición para futuros médicos internos residentes que hacen la especialidad), en Jerez de la Frontera, mi ciudad adoptiva y hogar desde el 2001.

En Jerez acabé mis prácticas clínicas en el Hospital, me gradué en el teatro Falla, con mis amigos del alma, y me encerré 7 meses de mi vida para estudiar junto a Pablo, el mejor acompañante de viaje que he podido tener, desde hace ya 7 años y medio. Vivir y estudiar juntos, qué desafío...

Pero todo acaba, y llegó el día del examen, y el día de los resultados, y el día de la elección. Por suerte obtuvimos resultados similares y eso nos permitió poder elegir un destino juntos.

Y aquí estamos. Juntos todavía en una capital de provincia patrimonio de la humanidad, Cáceres. Muy lejos de mi Andalucía querida y del mar, pero arropados por gente maravillosa y aprendiendo a ser buenos médicos de familia.

Después de este escueto resumen de los eventos más decisivos de los 2 últimos años de mi vida, anuncio mi vuelta a este blog, con novedades, como una sección sobre Arte (cine, fotografía, literatura, pintura y música), otra sobre salud, vídeos variados, y además, las entradas de siempre sobre mi peculiar forma de ver el mundo que me rodea.

Hasta la próxima.

30 ene 2015

Si muriera hoy

Suelo pensar mucho en la muerte. No quiero parecer una loca melancólica y depresiva que va llorando por las esquinas todo el día. No me confundas, suelo pensar en la muerte porque primero pienso en la vida.

La vida es sentir, y yo estoy todo el rato sintiendo. Bueno, todos sentimos, eso está claro, pero no todo el mundo piensa en lo importante que es tener consciencia de sentir, ya que es lo único que nos distingue del resto de los animales y de los que ya no están con nosotros.

Creo que empecé a experimentar esa especie de hipersensibilidad hace unos seis años, coincidiendo con el comienzo de la carrera. Fue entonces cuando me di realmente cuenta de que la vida es muy frágil. En cualquier momento podemos dejar de ser y desaparecer, y que la muerte nos aceche así, además de ser muy trágico y poético, hace que nuestra existencia se convierta en algo inquietantemente perecedero, donde es tu máxima responsabilidad el acumular sensaciones sanas y agradables que te ayuden a irte con buen sabor de boca. No hay que obsersionarse con que nos aguarda a todas horas, pero sí hay que mirarla con optimismo y desafiarla con una colección de momentos llenos de pequeñas grandes alegrías.

Tengo una lista mental de las miles de cosas que me inspiran y me producen un placer especial. No creas que son algo exclusivo o difícil de tener. Hace mucho tiempo que me di cuenta de que lo bonito de la vida es sacarle el jugo a las pequeñas cosas que nos ocurren cada día. Para mi es especial cada día de mi vida, porque podría ser el último de ella. 

Es especial que la luna tenga forma de sonrisa, y también lo es que me observe e ilumine con su cara redonda y plateada. Que el viento frío me haga tiritar o que la lluvia me moje cuando camino, es la mejor prueba de que estoy viva, poder sentirlo me hace sonreír. Me gusta oír los grillos en verano cuando estoy en la cama y ver cómo los demás coches se apartan cuando una ambulancia pasa.

Hoy he estado una hora observando a las gaviotas sobrevolar la caleta en Cádiz, con el cielo plomizo y un viento húmedo, y con los vellos de punta sólo podía pensar que si muriera en ese mismo instante, al menos habría disfrutado de estar viva, porque ya me he encargado todos estos años de ser consciente, ya he dejado en blanco mi mente y detenido el tiempo muchas veces para aprender cómo es que alguien te mire con amor, llorar de felicidad o de pena, cómo es ver saltar a un niño con botas de agua sobre un charco y ponerse perdido (y también hacerlo yo :P ), aprender qué se siente cuando alguien te necesita, sentir que formas parte de algo, observar a la gente reunirse en un aeropuerto, ver caerse las hojas de los árboles en otoño o verlas renacer en marzo, que un destello de sol que se escapa de entre las nubes me obligue a guiñar un ojo... Aprenderlo para recordarlo cuando sea muy, muy mayor (me conformo con 115 años) y no pueda verlo o sentirlo otra vez, y por supuesto, cuando me vaya mal, que también ocurrirá, podré tener presente que además del sufrimiento, también he recibido regalos maravillosos.

Si yo muriera hoy no me iría contenta, porque todavía quiero ser y sentir mucho más. Pero creo que lo sumiría con cierta naturalidad. Cuando nacemos somos seres felices en potencia. Depende de nuestro entorno y de nosotros mismos serlo. Conforme va pasando el tiempo por nosotros, a parte de cumplir años, también cumplimos sueños, tenemos espectativas, también cumplimos promesas, también frustraciones y alguna pesadilla. Si exprimimos todas nuestras experiencias y les sacamos la esencia, si nos contagiamos de la sabiduría que nos confieren todas ellas, las buenas y las malas, y las transformamos en sentimiento y alma, el día que nos llegue la hora (cualquier día puede ser), si la parca irremediablemente viene a secuestrarnos, podremos afrontarlo con satisfacción. Hemos vivido, es decir, hemos sentido, disfrutado de la vida como nos ha venido, puede que sin grandes acontecimientos dignos sólo de un rey o un personaje de Disney. Sólo habernos empapado de lo bueno que nos ha tocado vivir, de los pequeños detalles que nos han hecho volar. Ni más ni menos que hacer de cada banalidad, algo especial, porque quizás sea la última vez ocurra.

26 dic 2014

Vértigo

Es curioso cómo nos engaña la mente.

Ayer estaba empezando el verano más largo de mi vida, sentía que podía hacer casi cualquier cosa, que el tiempo era casi eterno, que se detendría para mi y que me dejaría libre y en paz para descubrir cosas maravillosas, ir en busca de aventuras, alejarme de todo, alejarme de mi, descansar, vivir.

Hoy han pasado los meses y ya no recuerdo cómo he llegado hasta aquí, ni cúanto hace que mi mundo ha sufrido una metamorfosis tan brutal: Entonces observaba moverse las hojas de los árboles con el viento fresco del Norte, cerca de canales llenos de barcas, me mojaban la cara las gotas de lluvia al pasear con una bici por verdes caminos y llenos de cisnes, dormía la siesta a la sombra los días calurosos en Córdoba, acostada en mi vieja tumbona, me bañaba en el mar abierto y de cristalinas aguas, aguantaba la respiración mientras veía el cielo y miraba al sol a través del agua... Y ahora soy un número que rellena una plantilla y retiene en su cabeza cientos de datos, que mira por la ventana cómo las hojas se caen, cómo la lluvia impacta contra el cristal, que sueña con el sol, soy la alumna de sexto que tanto envidié ser cuando estaba empezando...

Me da vértigo. La velocidad me paraliza el sentido. A veces tengo que hacer un gran esfuerzo para desconectar, frenar mi pensamiento y respirar hondo, me miro al espejo y entonces me pregunto cómo ha pasado todo tan rápido, cómo he llegado hasta aquí, miro, observo mi reflejo y no me reconozco, no entiendo cómo han podido pasar los años así. Esa de ahí, con su rabillo, sus pecas y su melena kilométrica, con los ojos llorosos y una triste sonrisa, esa soy.

Qué extraña me siento, podría estar mirándome horas, y no sabría decir con toda certeza si la niña que soñaba con curar las heridas del mundo, y de paso también a las personas, es la joven que ha estado ensayando hace unos minutos su mejor sonrisa para la foto de su graduación, y que tiene miedo porque no controla su futuro, porque ya ese sueño está acabando de cumplirse, ya ese tren está llegando a su destino, y ahora la incertidumbre del cuándo, cómo y dónde, la abruma.

Puedo sentir las mariposas revolotear en mi estómago y eso me hace pensar que desde aquel día que me vi sentada ante el juramento hipocrático, muchas crisálidas se habrán abierto, muchas mariposas habrán muerto...

Quemada por un sueño

Quemada por el sol, tumbada en el sofá, con las piernas por alto y la espalda torcida, escucho a Bob Dylan en un intento de absorber su fuerza inspiradora.

Un largo día de playa me ha dejado agotada, pero lucho contra el sueño porque me resisto a que pase el tiempo. El tiempo vuela y mis días pasan a velocidad supersónica, sin dejarme un segundo para asimilarlo. Hace unos suspiros yo me encontraba en la orilla de una playa de aguas cristalinas con la superficie turquesa y soñaba despierta con el año que me espera, mientras jugaba con la arena, sin reparar ni un momento en ese presente tan paradisiaco que tenía frente a mis narices.

Soñando siempre, se me escapa la vida...




30 dic 2013

Queridos y queridas

Me gustaría decir que nunca duermo con calcetines, pero en invierno siempre acabo haciéndolo. Temo el tacto frío con las sábanas de mis pies desnudos. Es una estupidez.

Me pasa mucho eso de tener los calcetines puestos y, en mitad de la noche, hacer un perfecto movimiento con el pie (típico que si te lo propones no lo consigues) y que se me resbale del mismo uno de los calcetines. Así que me quedo el resto de la noche con un solo calcetín, aunque normalmente, entre sueños, me doy cuenta, y acabo quitándome el otro a propósito. 

Lo peor de todo no es eso, porque el calor del resto de mi cuerpo ya ha calentado mis sábanas y deslizar mis pies desnudos por ellas no es nada incómodo sino placentero, lo peor de todo es notar los calcetines sueltos, hechos una bola, cada vez que me muevo o me doy la vuelta. Y por supuesto, tener que buscarlos antes de hacer la cama, porque, claramente, han ido al pliegue más remoto del fondo del todo.

El año muere, para bien o para mal. Otro año empezará y volveremos a tener la sensación de que el tiempo pasa más deprisa de lo que imaginamos, y que nunca vuelve.

Recuerdo vagamente mis Navidades, más bien lo que recuerdo son escenas familiares concretas que se repetían año tras año, como comer lacasitos en vez de uvas (de pequeña odiaba la fruta), o encender bengalas tras las doce campanadas y salir a la calle, allí en el pueblo, oliendo a pólvora y jugando con el vaho que salía de mis labios en aquella noche invernal, en plena sierra del norte de Córdoba. Gritar a pleno pulmón, rodeada de mis primos y hermano, calentarle la cabeza a mi abuelo y hacer que nos persiguiera por el pasillo de aquella fría casa amenazando con darnos con el cinturón...

Recuerdo ver los programas de humor de la primera durante la cena, que tanto nos hacían reír, brindar con mis padres y mi hermano, abrazarnos los cuatro y decirnos cuánto nos queríamos, los años que estuvimos solos.

Cuántas Navidades llevo pasadas...

Y cuántas nos quedan, ¿no?

Creo que este año estoy menos triste, menos exigente. Aquellas cosas que me hacían amar la Navidad, ya no están, pero, ahora soy más consciente del tiempo y estoy empezando a darme cuenta de que lo más valioso que tenemos, es nuestro presente.

Los recuerdos forman una parte importante de quienes somos, pero somos los que estamos aquí y ahora, buscando la felicidad, el valor y el ánimo para luchar y fisfrutar un año más de nuestra vida.

Un año más para mi supone disfrutar otro año de mi tierna y alocada familia, mis padres y mi hermano, los que siempre han estado conmigo. Un año más, significa estar a un año menos de acabar de recorrer el camino que comencé en 2009, cuando entré en la carrera más bonita del mundo. Un año más hace una suma de cinco cerca de la persona a la que quiero, mi mejor amigo y compañero de viaje. Un año más es otra oportunidad de hacer todo lo que no he podido éste último, de vivir todo un poquito más y mejor...

Queridos y queridas, feliz año nuevo.

12 jun 2013

Nietzsche y mi Yo del instituto

Hoy he abierto una bonita caja de bombones que usaba para guardar cartas por primera vez desde hacía mucho tiempo. No recordaba que allí conservaba una redacción del último curso de instituto. En segundo de bachillerato yo estaba pasando por una época cargada de sentimientos. 

Recuerdo que mi profesor de filosofía enfermó en el primer trimestre y tuvo que ser sustituido en enero hasta final de curso. El sustituto tenía ideas totalmente opuestas a las del primero. Era de mediana edad, sosegado, con voz grave, firme y serena. Le encantaba Nietzsche. Le gustaba tanto que nos propuso subir la nota que nos pondría a final de curso con una redacción sobre una mítica frase del filósofo "sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria". Nos dijo que a los tres mejores escritos les regalaría un máximo de 0'5 puntos, y a los cinco o séis que destacaran sobre el resto, como mucho les daría 0'25.

Pasó una semana después de la entrega de las redacciones y comenzó a repartir las notas. Sin embargo, nos comentó que solamente le había dado tiempo de leer la mitad de los trabajos y que como había leído dos muy buenos, ya había agotado con ellos dos de los tres 0'5 puntos. A mí me dio mucho coraje, me pareció injusto y no podía creer que dejara a la mitad de la clase sin la posibilidad de impresionarle con algún trabajo mejor que los de la primera mitad que habían sido corregidos.

A la semana siguiente llegó a clase y lo primero que dijo fue que había tenido que hacer una excepción con las calificaciones de la redacción. Había decidido puntuar un trabajo con 0'75 puntos. Ese trabajo era el mío. Todos (yo la primera), nos quedamos un poco desconcertados. Mi reacción fue pensar que era broma, pero él cambió rápidamente de tema y al terminar la clase me pidió que me quedara a hablar con él. Me entregó los dos folios escritos a mano que le había escrito apropósito de la frase de Nietzsche, con todo lleno de correcciones en rojo, párrafos enteros escritos entre las líneas de mi texto y muchos rayones. Me dijo que no tenía nada más que decirme, que todo estaba escrito en esos papeles y que no quiso leerla en clase por que temía que me molestara. 

Ese hombre no solo me dejó un 9 en la nota final. Me dejó la satisfacción de haberle gustado y de saber que alguien apreció lo que escribí con tan solo 18 años recién cumplidos, salido de mi corazón. Por desgracia, nunca lo volví a ver. Se fue cuando terminó la sustitución.

La letra cursiva y roja es lo que él escribió. Hay una palabra que no entiendo: (...). También subrayó algunas partes de lo que yo escribí. En su momento pensé enseñárselo al mundo entero, porque me sentía orgullosa de mi redacción, pero decidí no hacerlo porque pudiera parecer pretencioso. Sin embargo, hoy me ha parecido una buena idea. Me hace ilusión compartirlo. Espero que os guste.


"SÓLO LO QUE NO CESA DE DOLER PERMANECE EN LA MEMORIA"

Hace relativamente poco sufrí una pequeña crisis espiritual. Supongo que fue un cúmulo de muchas ideas, muchos miedos, muchos sentimientos...

A mis dieciocho años me ha tocado vivir conflictos que otros, a la edad de cincuenta, no han sufrido. Me he hecho así, soy fuerte, dura, realista y luchadora. Realmente todavía no he decidido si eso es beneficioso, por ahora mi forma de ser ha provocado que no encaje o no me sienta yo misma con personas de mi edad, por eso creo que si no se ha pasado por le dolor, esta frase es difícil de interpretar.

¡Casi todos los adolescentes medianamente conscientes (con cierta lucidez) de sí mismos, pasan por LA FASE DE CRECIMIENTO por la que tú estás pasando. Muchas veces para crecer "hay que mudar de piel" y eso casi siempre resulta doloroso, pero MÍDETE LUEGO!

Esta crisis me ha enseñado mucho. Me ha enseñado a creer en mi misma y tener presente que nada ni nadie es para siempre, que todo acaba, que todo fluye hacia un mismo sitio. Puede que mi lucha interna finalizase con la muerte de un pariente que, aunque no me tocaba a penas nada, el hecho de que falleciera joven y dejara amigos, familia, hijas adolescentes y una trayectoria laboral con un futuro  envidiable, me causó bastante impresión. Fue con esa noticia cuando entonces comprendí que la vida se resume en dos partes: lo que depende de nosotros y lo que nos supera. ¡ASÍ ES!

Es sencilla mi nueva visión del mundo (de todo: política, religión, relaciones humanas, muerte, amor, yo misma...) se reduce a que, desde mi punto de vista, estamos aquí por mera casualidad, nacemos nosotros y no otros, tenemos suerte de oler la tierra mojada cuando llueve, dar paseos de madrugada, oír las olas del mar chocar contra las rocas, sentir el viento en la cara, amar, ser amados, reír, llorar... Lo más importante es tener conciencia de ello, y entonces, sabiendo todo eso, hacer todo lo posible, todo lo que esté en nuestra mano por hacer el bien, por poner un granito de arena, que no cuesta nada

Cuando se muere, de uno no queda nada, nos reducimos a cenizas, somos polvo de estrellas. Creo que realmente, lo importante es permanecer en la memoria de los hombres como alguien bueno, que dio todo lo que pudo de sí mismo por los demás, por el mundo, honesto, solidario, tolerante...

En la vida no es todo alegría, y en parte, me parece genial que así sea.

¡¡Decididamente tienes alma de poeta!!: NO TE TRAICIONES NUNCA A TI MISMA, POR AMBICIÓN, PODER O DINERO Y CUIDA COMO A UNA DELICADA PLANTA ESE DON LUMINOSO QUE LA VIDA TE HA OTORGADO. ¡AH! Y NO LO OLVIDES NUNCA, TE LO HA DADO EN PRÉSTIDO PARA QUE LO DEVUELVAS AL MUNDO Y LO HAGAS MÁS "TRANSPIRABLE", MÁS "RESPIRABLE"...

Pertenecemos al primer mundo, tenemos todo tipo de lujos: acudimos a fiestas, tenemos familia, educación, cultura, libertad... y aun así nos empeñamos en sentirnos infelices cuando nos deja un novio, cuando suspendemos un examen o, haciendo referencia a un mundo más adulto, cuando los hijos se van de casa, cuando hay problemas en el trabajo, un divorcio, etc. No nos damos cuenta de la cantidad de problemas y desgracias que sufren las personas, ya no del tercer mundo, porque no hace falta irse tan lejos, sino personas que pierden a sus seres queridos por una larga enfermedad, en una guerra, maltratados, huérfanos, violados, pobres, bajo una dictadura, prisioneros (física o mentalmente)...

Ante el dolor, la tuya es una hermosa apuesta. Yo pienso que NIETZSCHE no tendría nada que objetarte...

El dolor enseña mucho, hace recapacitar, y hasta que uno no sufre o no pasa por alguna experiencia difícil, no es consciente del dolor ajeno. El dolor nos hace humanos, nos da humildad. Cuando se sufre, al aprender, al madurar, se cambia, y ello sí que permanece siempre en la memoria, en nuestro ser, en nuestra esencia.

Pienso que la vida es un conjunto de sucesos que van curtiendo al alma a medida que ésta avanza. Cuando uno muere en circunstancias naturales, a la vejez, solo quedan dos tipos de recuerdos, dos tipos de hechos que la memoria retiene: El aprendizaje fruto del sufrimiento, de alguna mala experiencia que es el que nos hace ser de una manera u otra, el que nos forma como personas; y el resultado del amor, de la felicidad.

Al final de una vida se recuerda lo bueno, es como un sistema de autodefensa que tenemos: los problemas y traumas de pasado tienden a taparse, esconderse y no salir nunca  a la luz. Se recuerdan los momentos que significaron mucho o poco, pero que dibujaran en el rostro una sonrisa, por eso hay que vivir día a día como si fuera el último, no se sabe cuándo llegará el final, hay que ser feliz, nunca conformista y hacer de este mundo un lugar apacible y ameno para el resto de gente. Sin olvidar ni lo malo ni lo bueno.

¡¡CARPE DIEM!!

Porque somos más el producto de nuestros tropiezos y caídas que de nuestros placeres y bienes, pero son estos últimos los que harán que haya valido la pena estar vivos.

Podría finalizar con una conclusión que pretenda completar la frase de Nietzche.

El célebre filósofo, poeta y filólogo alemán, tenía toda la razón, ya que el dolor, sea temporal o permanente, nos forma, nos hace humanos, nos abre los ojos, nos hace madurar...

Son los daños que sufrimos los que nos enseñan a levantarnos y a volver a luchar. El dolor forma parte de nuestro "Yo" desde que es infligido hasta el final de nuestros días. Pero desde mi humilde punto de vista, creo que podría completarse la frase de Nietzsche con "Sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria, mas las gratas experiencias acuden a ella para alentarnos en consecuencia". ¡ESO ES!

Sigue en esta línea: la UNICA forma de hacer filosofía, de "PENSAR" realmente es (...) ¡LA BELLEZA!

¡Esto lo publicaría el mismísimo Friedrich!

¡¡Solo me queda FELICITARTE y desearte toda la suerte del mundo en el viaje que entreveo que ahora COMIENZAS!!

Irene Rodríguez Calzadilla. 2º BACH C.

18 ene 2013

A finales de 2012

Me siento en el sofá. Solamente se escucha el sonido de mis dedos que, aún hábiles (a pesar del vino), producen al golpear firmemente las teclas de mi viejo portátil.

Desde aquí, si alzo la mirada, puedo ver cómo brillan las palmeras de la Alameda Cristina, cuyos troncos están forrados de cientos de bombillas por Navidad y la gente bien vestida paseando por el centro de Jerez tras una cena copiosa en casa, con familiares y amigos, quizás, quién sabe, algunas copas de más... 

Todos en casa duermen pero yo hace ya una hora que me quedé aquí, postrada, respirando en paz y sin oír risas ni escándalos. Aún llevo esa falda de raso que mi madre me arregló para que luciera "tipito" y la blusa que Papá Noel me ha traído, que me dejé puesta después de probármela, abrochada de mala manera y toda arrugada. Mis pies descalzos solamente cubiertos por unas medias recién estrenadas, rotas y las uñas pintadas de rosa. Así estoy: rota, aburrida, mal vestida y rosa.

Nada que decir, solamente un par de párrafos sin corregir. Desganada y aburrida de las fiestas, mirando el reloj todo el rato. Siento que las agujas me empujan a  la cama a cada segundo que marcan, pero me puede el vino y me duermo en el sofá. Mañana será lo mismo: comida y alcohol, es decir, Navidad.



21 dic 2012

Navidad vacía


Otro año más, llega la Navidad. Tan fría como siempre.

No me interpretes mal, no es pesimismo y tampoco soy una persona tremendista (para eso ya están los que interpretan los calendarios Mayas), pero en Navidad no puedo evitar cuestionarme la trayectoria que he tomado a lo largo del año y hacer un resumen mental de todas las veces que me he equivocado. No puedo evitar recordar que soy un año menos inocente y que todos los que me rodean, también envejecen. No puedo evitar culparme de lo injusto que es el mundo y de no poder hacer absolutamente nada para cambiarlo todo y encontrar alguna solución para el egoísmo congénito que sufre la especie humana. No puedo evitar pensar en la cantidad de gente que se reúne por primera y última vez en el año fingiendo y aparentando llevarse bien, intercambiando cuatro frases superficiales y brindando cien veces con palabras vacías. No puedo evitar caer en la cuenta de la cantidad de engaños comerciales que nos acosan a diario, de la cantidad de negocios que se nutren a base de la ilusión de los más pequeños y el materialismo en su estado más puro. El derroche, la soledad, la incertidumbre, la hipocresía, la pérdida de valores, todo y mucho más, me producen un profundo malestar que me trastorna, que me hace no disfrutar. 

Supongo que la primera vez que me di cuenta de lo falsa que era esta fiesta, fue cuando me enteré de la mayor mentira contada por los padres desde el principio de los tiempos y que causa uno de los traumas que, desde mi punto de vista, hace que una parte de ti deje de ser un inocente niño y se convierta un adulto embustero. "Te hemos hecho creer que existían desde que naciste para que tuvieras ilusión y la Navidad fuera una fiesta mágica y divertida", decían, pero yo, con ocho años me prometí que no sometería a nadie a semejante estafa y que a mi me hubiera bastado con la ilusión de abrir el obsequio que me hacían mis padres con cariño por ser yo y no un regalo que tres señores mayores que no me conocían de nada, me dejaban debajo del árbol de plástico después de beberse y comerse la leche y las galletas que dejábamos mis padres y yo delicadamente sobre la mesa, como todos los niños del mundo, siendo una niña más en su cadena de montaje y entrega.

Así que no debe extrañarnos tanto que la Navidad sea una farsa, al fin y al cabo, la alimentamos nosotros y nos encargamos de enseñar a los niños a que perdure.


La familia. Me hace gracia recordar las reuniones familiares en Navidad. Allí nos juntábamos todos los primos y hacíamos trastadas y nos portábamos fatal, era divertido. Sin embargo, con la perspectiva de los años te das cuenta de que las reuniones familiares felices y entusiastas, en realidad, no lo eran. Para mi la excusa de que acaba el año o que en un momento dado se estableció una fecha en concreto como la definitiva en la que nació Jesús y hay que celebrarlo, no es suficiente motivo como para tragarme al cuñado pesado, el tío prepotente, la hermana envidiosa, el primo reprimido y el sobrino hiperactivo. La familia es algo que no se elige, viene impuesto, y encima de ello no quiero verme obligada a pasar mis vacaciones aguantando a nadie con quien no quiera estar y pasándolo mal. Si alguien te importa, intentas tener cualquier contacto día a día, no para ir a cenar una noche al año.


¿Por qué hay que seguir miles de rituales populares y supersticiosos cada vez que dan las 00:00 de todos los 31 de diciembre? Me parecen tradiciones absurdas. El tiempo es un invento del hombre, incluso no todos los calendarios actuales terminan ese día, ni van por el mismo año, ni por el mismo siglo ¿qué más me da que el reloj pase a marcar otra vez las 00:01 del 1 de enero o del 14 de febrero? ¿A caso alguien ha notado alguna vez la diferencia entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, salvando la resaca?

Todo mentira.

Tengo sueño, mañana tengo tres horas de psiquiatría, intentaré indagar en la mente absurda del ser humano, aunque quizás en el intento me quede frita.

Feliz Navidad y Próspero Año.

31 oct 2012

Una bombilla fundida

En Cádiz existe un lugar recóndito desde donde la nada, heterogénea, vacía y hueca, toma forma y color.

 Una farola apagada es suficiente para que, al anochecer, se fundan el cielo y el océano y sean inseparables hasta que la luz del sol los descubra por la mañana. He intentado muchas veces mirar al horizonte y saber al instante dónde se acaba el mar y empieza el cielo, pero ambos son de un negro tan intenso que he de tomarme unos segundos antes de que una débil línea, casi imperceptible, fruto más mi imaginación que de la realidad, tímidamente rompa el nexo místico entre agua y aire. 

No son estrellas, sino barcos pesqueros, que en mitad de la madrugada húmeda y desafiante se intuyen a lo lejos, casi como los astros, pletóricos de protagonismo, que brillan allá arriba, con solo alzar la vista. Parecen reflejos...

Un sólo color, el más profundo y oscuro de todos, es capaz de crear un momento mágico que invita a usar los cinco sentidos: ese rincón del paseo marítimo donde tus ojos pueden ser tan confidentes como traidores; y tus oídos se hacen dueños del silencio roto por las olas; que sabe a vida; que huele a inmensidad; y que desborda fuerza y coraje.

Ese tramo olvidado en penumbra es una parada obligatoria las noches que salgo a correr en Cádiz. Allí no hace falta cerrar los ojos para pensar o soñar y al respirar hondo, el aire fresco y húmedo que inunda mis pulmones, me recuerda que no hace falta que despierte porque soy más consciente que nunca de que estoy viva. Allí mis problemas desaparecen y siempre me inspira el comienzo de algún poema o el tema de un bonito lienzo. Allí mi imaginación se apodera del momento y los colores que no he sabido apreciar durante el día, de pronto me vienen a la cabeza, como si intentaran dar luz a la escena.

Cada día, antes de pasar por ese misterioso lugar, cruzo los dedos para que a nadie en las últimas 48 horas se le ocurriera arreglar la farola, y así, yo pueda disfrutar de la imperfecta sincronía que me brinda una bombilla fundida.




21 sept 2012

Cafeína y estupidez humana

Pasadas las doce de la noche, el hoy se convierte tímidamente en mañana. Hoy ya es ayer y todavía no he conseguido cerrar los ojos ni dos segundos. Me tumbé en la cama, acalorada, con la persiana levantada como cada madrugada, y aún sigo mirando al techo, intentando arrancarle el remedio para mi insomnio. El fresco viento que entra por la ventana sacude la puerta de mi habitación y ésta al agitarse produce un ruido incómodo que me provoca.... Enciendo el portátil...

Dos insípidas tazas de café del IKEA han tenido la culpa de que no esté ahora mismo soñando.

Llevo meses intentando escribir. Reconozco que lo he intentado poco, pero con todo no he sido capaz de pasar de tres frases "pseudoprofundas" a las que coronaba ingeniosamente con un título original o simpático. Pensé en escribir sobre la estupidez humana, y es lógico: no sé si soy yo pero cada día me doy cuenta de que la imbecilidad es una epidemia para la que no existe cura, y cada día hay más víctimas.

La crisis. Esa bonita trola que nos venden sobre que somos los únicos culpables de que el país se hunda y que nos arrastre a nosotros también empieza a retumbar en mi cabeza como el mítico, chillón e insoportable "politono" que SIEMPRE suena en el peor momento (un funeral, una consulta médica, el cine, un museo...). Me pregunto cómo no nos dimos cuenta antes de que la cantidad de ineptos-incultos-mafiosos que nos gobernaban acabaría provocando el cáncer que hoy nos consume, ¿cómo no lo vimos venir? ¿Tan agusto se estaba en la burbuja? Me pregunto cómo puede haber gente tan asquerosamente egoísta como para jugar al monopoly con las viviendas de gente que acaba en la calle y dejarlas vacías hasta que alguien las compre de nuevo... SÍ, VACÍAS. Me pregunto cómo puede permitirse la especulación y la consecuente subida estelar del interés por haber comprado deuda de un país, que significará el empobrecimiento de millones de personas y la esclavitud de una sociedad en deuda por décadas y décadas. Me pregunto cómo se pudo dar crédito a personas SIN NADA cuyos ingresos eran 3/4 partes dinero negro de la construcción/mecánica/fontanería que adquirían un Mercedes o un BMV a los veinte años (como premio, supongo, por haber dejado los estudios a los 16 y haber sido más listos que todos sus pringados compañeros que decidían "invertir" en su futuro estudiando una carrera) con vidas de lujo, que pedían un préstamo para pillarse una tele. Me pregunto cómo el gobierno Japonés ha dimitido por haber tenido que subir el IVA sin que hubiese estado previsto en el programa electoral y en este país de caquitas (sí, soy una señorita y no digo tacos) parece que encima tenemos que darle las gracias a los cuatro gilipollas por haberlo subido aun habiendo jurado y perjurado que no lo tocarían... 

Pero no hay dos sin tres, que somos recampeones de Europa, ¡eh!

La mala educación. Podría resumirlo en que el nivel de la enseñanza de ciencias en España está por debajo del de Camerún. Pero me gustaría extenderme un poco más, si a ti no te importa (y si no también, para eso es mi blog, leñe). No sé si alguien se ha fijado pero empiezo a darme cuenta de que a los concursos que ponen en la tele va gente "especial", ya sabes... Quizás la culpa original sea de los guionistas, que cada vez hacen preguntas más tontas, pero es que cada vez hay más gente que las falla y peor: que lo ve normal. Concursos que son auténticos shows espectaculares con magos, música, ruletas, luces, caídas, botones gigantes, trampillas... TODO ESO PARA QUE te pregunten para qué sirven las cejas y dudes entre para evitar que caiga el sudor a los ojos o que son de adorno, o que a la pregunta "fruta que comparte nombre con una provincia andaluza" se conteste NÍSPERO... País de catetos e incultos... ¿pero a quién queremos engañar? Ídolos nacionales como Belén Esteban o Kiko Matamoros han causado estragos en las mentes españolas. ¿Qué bueno puede surgir de programas de prensa rosa donde solamente se oyen voces y disparates y se ven tetas y culos durante horario infantil? Sálvame Deluxe... ¿Es que la gente no se da cuenta de lo patética que resulta su vida sentados delante de esa basura durante horas, día y noche? ¿Cómo puede haber gente capaz de tener ideas propias y capacidad de crítica si JAMÁS ha leído un libro (no cuentan los folletos de propaganda) o un periódico? Estamos anestesiados e insensibilizados. Los niños no sienten pena o empatía cuando ven a otro llorar, cuando hacen daño a alguien. Los niños están hartos de ver en las noticias a cadáveres ardiendo o restos de sangre en un atentado terrorista, o de ver películas o videojuegos en los que el protagonista (el bueno) tiene como misión cargarse a una docena de hombres. Los niños ya no distinguen el egoísmo de la solidaridad, y no quiero echarle toda la culpa a los medios porque los padres influyen muchísimo. Es mejor ponerle al niño una película cuando va en el coche para que esté entretenido y no moleste a mantener un diálogo con él o que simplemente se recree observando el paisaje y fomentando su curiosidad e imaginación. ¿Es que es normal el caso de la niña china, esa pequeña atropellada y agonizante observada e ignorada por los transeúntes durante días que acabó muerta? ¿Pero en qué clase de seres nos estamos convirtiendo? ¿Cómo hemos podido perder tantos valores?

Miro al techo. Respiro hondo y me digo "la estupidez humana es inmensa... tendré que hacer segunda parte".

Voy a dormir un poco, que mañana madrugo... puñetero café...




2 feb 2012

Inspiración

La canción que siempre hace que se me escape una lágrima por esa voz desgarradora y apasionada, las fotografías que captan un instante banal y natural de alguien desprevenido con una sonrisa auténtica o un gesto realmente suyo, el sonido de la lluvia al caer y saber que fuera hace frío, la inmensidad del océano, ver el cielo una noche de luna nueva en pleno verano, conducir sin rumbo, un beso... 

Me acabo de tumbar en la cama y tras unos minutos mirando al infinito y tapada hasta las orejas con mi nórdico, me he dicho "hoy es uno de esos días que sabes cómo empiezan pero no cómo acaban".

Ha sido un día muy largo, y cuando digo largo no siempre me refiero a pesado. Para mi un día pesado es aquél en el que hay que esperar. Esperar por alguna razón que es ajena a ti, que no puedes modificar por nada, por ejemplo una cita médica o la cola en la peluquería o un examen de esos eternos, días perdidos... Sin embargo, los largos son largos porque hago tantas cosas que cuando la noche llega no me creo que todo lo que ha pasado en las últimas 12 -18 horas corresponda al mismo día.

Siempre digo que mi vida es aburrida. Tampoco quiero que pienses que carece de emoción, pero lo cierto es que me recreo imaginándome a mi misma en otra época siendo una diseñadora de moda junto a Coco Chanel, la líder revolucionaria de algún partido de la, una vez, reciente democracia en España o una arqueóloga aventurera, una presentadora de algún documental de naturaleza o de viajes exóticos (cuando los documentales iban de algo más que de "megaconstrucciones", si ves Discovery Channel sabrás lo que digo y si no, pues nada), una bióloga marina defensora de los corales en Australia, una artista bohemia en París... Tantas Irenes que no podría decidirme por una... tendría que vivir tropecientas veces para satisfacer la curiosidad de lo que podría haber sido escoger un camino diferente y, porqué no, bastante más arriesgado del que elegí.

Como iba diciendo, mi vida es aburrida, hasta que el destino quiere que todo lo que me emborracha de apatía y desgana durante días y días, de golpe y porrazo me encuentre con una extensa lista de tareas que parecen surgir de la nada.

Hoy, después de cumplir con todas las tareas de mi casi eterna "lista del destino" he regresado a casa en coche. Siempre pensé que conducir sería una necesidad que, como otra cualquiera cuando se es adulto, debería cubrir sacándome el carné aunque fuera a desgana. Mi total desinterés por manejar tal amasijo de hierro y demás chatarra era el motivo por el cual me negaba a perder mi tiempo en aprender tal cosa.

Recuerdo (no hace tanto) cuando me monté en un coche por primera vez, muerta de miedo y con una percepción de la velocidad tan hipersensible que convencerme de que pasara de los 8 km/h se convirtió en un desafío para los valientes que me acompañaban aquel día.

Quién iba a decirme que un tiempo después de aquello, conducir iba a gustarme tanto que iba a convertirse en otra de las muchas fuentes de mi tímida inspiración... y que después de meses sin pasarme por aquí iba a servirme como excusa para dejar escrito mi excéntrico pensamiento.

1 ene 2012

Año Nuevo

Pupilas dilatadas, rubor en mis mejillas, palpitaciones en el pecho, besos, abrazos y carcajadas. Un año cargadito de salud. Ese es mi deseo.

Como cada Navidad me gusta sentir la bondad y calidez propias de ésta fiesta y envolverme del espíritu navideño con sus buenas esperanzas. Hace una Navidad escribí en este mismo lugar, sobre las personas olvidadas, que cada año, "celebran" la Navidad solas o pasando apuros. Aquello no ha dejado de inquietarme y sigue provocando tormentas en mi cabeza, pero hoy quiero mirar con optimismo al nuevo año.

Las noches viejas y los uno de enero son días complejos. Suelo despertarme el 31 de cada diciembre con la sensación de que todo lo que haga a partir de que mis ojos se abran y mis pequeños pies toquen el suelo será lo último que haga en el año que se escapa. Todo está en calma, hoy las familias se reúnen para celebrar que todo lo malo podrá cambiar y que, una noche vieja más, todos juntos, despiden el año.

Muchos, quizás ilusos, idealistas, optimistas, pensamos que aquello que no nos gustó desaparecerá con las doce campanadas y que el nuevo año brindará nuevas y mejores oportunidades para cambiar, para mejorar, para empezar de nuevo...

Las abuelitas con ilusión, atentas a los cuartos y explicando con entusiasmo, cómo se deben tomar las uvas, se encargan de recordarnos que hemos sobrevivido juntos y que cuando acabe la cuenta atrás se nos planteará un nuevo reto: sobrevivir a los 365 días que nos regalará el calendario del año que llega.

- ¡Feliz Año! - Gritan los presentadores en la pantalla de televisión.

Otro año más, qué pereza da. Es como empezar a escribir una historia en una hoja en blanco, la incertidumbre que me inunda cuando apoyo el bolígrafo sobre el papel y deslizo una tímida palabra que se siente sola ante el vacío, ante el silencio de la nada. Una mezcla de sentimientos encontrados, nostalgia y esperanza. Es uno de enero y se puede palpar en la habitación que la tensión ha desaparecido. Hemos entrado con el pie derecho por delante, con algo rojo encima y doce uvas en el estómago, aunque a más de uno se le resistan en la boca.

Cohetes artificiales, bengalas, confeti, champagne... luces de colores, olor a pólvora, frío y calor... Pedimos un deseo... y esperamos que la magia del momento nos lo conceda, como niños pequeños. Pupilas dilatadas, rubor en mis mejillas, palpitaciones en el pecho, besos, abrazos y carcajadas...

Feliz Año 2012.


29 jul 2011

Paseos nocturnos y rincones jerezanos

La suave brisa fresca de la madrugada veraniega me hace cerrar los ojos y respirar hondo. Huele a cloro, a "aftersun", al silencio nocturno quebrado por niños jugando entre semana, a césped recién regado y a grillos sonando...

Solía pasear de noche por las estrechas calles del pueblo de mis padres, en Córdoba, cuando era una niña. Allí la calma y el sosiego eran, a veces, siniestros acompañantes en los callejones oscuros y más apartados del centro. Mis primos, mi hermano, mi tía y yo salíamos a la aventura cada madrugada con nuestras linternas y recorríamos medio pueblo, con sus calles empinadas y su cielo estrellado, mientras contábamos historias de miedo...

El buen recuerdo que guardo de todo aquello me tienta cada atardecer de este maravilloso verano y no me resisto, salgo a pasear.

Quiero perderme, decidir qué calle tomar justo cuando llegue al cruce y no pensar, tan solo dejarme llevar por el instinto. Así he recorrido Jerez estos últimos días y mi asombro crece exponencialmente cuando me doy cuenta de que vivo rodeada de callejones tortuosos, con a penas un farol que ilumina débilmente el camino y todo en completo silencio.

¿Dónde estoy?

Llegar a una plazoleta en la que una niña juega con su cachorro, admirar el estilo de la iglesia que le da nombre a ese rincón olvidado, encontrar a un pobre gato color ladrillo vagando por la calle y que se una a mi aventura, ver las casas abiertas y las ancianas en la puerta, mirar con miedo a través de los grandes ventanales jerezanos con los cristales rotos de casas centenarias que atrás dejaron sus días de gloria, subir la mirada unos segundos y encontrar sin quererlo la catedral a lo lejos iluminada, entender paulatinamente en qué punto me encuentro al llegar a un lugar que me resulte familiar...

Es muy satisfactorio saber que queda mucho de pueblo aquí y más aún encontrar esos rincones tan pintorescos y, a veces perdidos, por casualidad cuando camino sin rumbo.

28 may 2011

Un día en soledad

Admito que la música es uno de mis mayores placeres y que hablar, una de mis perdiciones, pero creo que no existe nada equiparable a sentir el silencio rodeándote. Me gusta pensar que solamente en esos momentos de paz y tranquilidad abrimos la mente y mantenemos largas y plácidas conversaciones con nosotros mismos.

Hoy llevo todo el día sola. Casi nunca ocurre y menos ahora, ya que es época de exámenes y solemos estar siempre en el piso atados a la silla y con los codos en la mesa. También suelen dejarse caer por aquí mis padres los fines de semana, amigos... lo típico. Pero hoy no, hoy estoy perdida en mí misma, mirando a un libro de letra minúscula, leyendo sin leer, solamente deslizando la vista palabra por palabra, hasta que una chispa salta en mi cabeza y comienzo a divagar sobre las muchísimas cosas que deambulan por mi mente, sin rumbo. 

"Pero qué día tan maravilloso hace, ¿le habrán dado ya a los niños las notas? ¿tendrán ya vacaciones?, seguro que la playa está atestada de gente, y yo aquí sudando mientras intento comprender lo que leo, o al menos, mientras debería intentarlo

Menuda nube, y qué rápido va, debe hacer muchísimo viento, no me extraña, esto es Cádiz. Bueno, si hace tanto viento, seguramente la playa no esté tan llena, aunque los bares del paseo tienen que estar hasta arriba. ¡Vaya, una mosca!¿cómo habrá entrado?"

Cuando tenemos la certeza de estar solos y de que no nos va a sorprender nadie, ni nadie nos va a interrumpir, somos especialmente graciosos. Nos ensimismamos mirándonos un lunar, nos lo rascamos, hasta que nos descubrimos un padrastro, nos lo intentamos quitar, y en el proceso, ponemos caras raras, de esfuerzo, si se nos resiste, nos enfadamos, incluso lo maldecimos en nuestro interior. A veces canturreo algo y cuando me quiero dar cuenta tengo el puño cerrado justo delante de mi boca, como si agarrase un micro, poniéndole sentimiento, todo muy exagerado... 

Podemos pasarnos muchísimo tiempo en silencio, realizando cualquier tarea y sin decir una palabra, solamente pensando en ellas, charlando continuamente sin que se oiga nada.

La soledad también es importante, de hecho, pienso que a veces es necesaria, aunque en pequeñas dosis. Todavía hoy no he hablado con nadie y tengo la necesidad de decir algo en voz alta, porque, aunque resulte  absurdo, siento el impulso de comprobar que tengo voz.

Escuchar mi respiración, mirar al infinito... pero esperar que alguien entre por la puerta antes de que me vuelva loca...

14 feb 2011

Un mal día

Un día te levantas con el pie izquierdo. No nos damos cuenta, quizás si lo supiésemos le haríamos el gran favor al mundo de seguir durmiendo en vez de lavarnos la cara y echarnos a la calle, qué le vamos a hacer.

No se le dan más vueltas, algo va mal y no podemos arreglarlo, el día que se tuerce, se tuerce desde bien temprano hasta que nos dormimos, "mañana Dios dirá". 

Nos dan malas noticias, nos salen las cosas mal, nos manchamos con las lentejas, nos deja de pintar el bolígrafo, nos entra una pestaña en el ojo, nos sale un grano en la frente, nos equivocamos de hora, nos llueve, se nos rompe el paraguas, nos sigue lloviendo, nos salpican los coches al pasar, sigue lloviendo...

Es como si alguien quisiera advertirte de que tu karma está en números rojos. Siento que me parezco al tonto de la película al que le gastan todas las bromas pesadas. Ser el espectador es divertido...desde el sillón... para ver cómo empeora la situación paulatinamente y reírte a carcajadas señalando con el dedo, pero cuando se ve desde abajo no hace ninguna gracia...

Habrá que aguantar el chaparrón.

Por cierto, felíz San Corte Inglés.

27 ene 2011

Que llueva, que llueva...


Nunca bajo la persiana, jamás. Reconozco que en un principio lo hacía por no permanecer en la más absoluta oscuridad antes de dormir, me hacía sentir algo desnuda, desprotegida. Sin embargo pronto cambió esa idea, me acostumbré a despertar por culpa de esos pequeños rayos de sol que atravesaban tímida y paulatinamente el cristal.


Hoy he amanecido viendo de nuevo cómo se iluminaba mi habitación. Un color amarillento, que cada vez era más brillante, como si quisiera escaparse de entre mis sinuosas cortinas, me deslumbraba. Me he levantado de la cama con la sensación de haber despertado del más puro letargo, no podía ser que tras varios días de plena penumbra en el cielo, apareciera un vulgar jueves esa claridad.

Después de preparar un buen desayuno y de ver un rato cómo se peleaban varios politicuchos en la tele, (gran novedad, ¿no?), decidí ponerme en marcha. Hoy no he ido a clase, sí, me declaro culpable.

Como todo el mundo sabrá, una muerte es tan perturbadora como triste. A mí me da por cuestionarme nuestra existencia. Empiezo desde abajo, por mí: "A ver para qué narices hace falta que yo exista si el mundo cuando yo me vaya va a ser igual que cuando llegué, una masa esférica llena de agua y tres o cuatro trozos desperdigados de tierra con mucha gente yendo a su rollo (simplificando mucho, mucho).

Se está nublando, al final va a ser cierto lo que predecía el señor de El Tiempo.

Tras un sinfín de ideas melancólicas y melodramáticas vuelvo en mí al recordar que un día parecido al de hoy, una persona excelente me dijo "somos las piezas de un engranaje infinito", aquello me curó el corazón. Dejé de buscarle el sentido a la vida. Estamos aquí porque sí, llámalo casualidad, llámalo Dios, llámalo "x". Formamos parte de algo inmenso, algo tan grande que nos hace minúsculos, pero no menos útiles. Creo que nuestro objetivo en la vida es, simple y llanamente, influir en los demás. Somos como pequeñas gotitas de aceite que cuando se rozan, se hacen más grandes.

Y sin más, empieza a llover. No lo pienso dos veces, abro la ventana. Mientras oigo como llueve y huelo a mojado me siento satisfecha, me apetecía la lluvia... ella es la que se lleva lo malo, lo triste, lo difícil, y deja el suelo brillante, la hierba aún más verde, el viento fresco... ella da paso a la calma, a los cielos limpios... cierro los ojos. Estamos aquí, pues vamos a aprovecharlo.

En memoria de Ana María Navarro Arévalo. Ella nos influyó.

19 ene 2011

Rutina, Invalidez, Estupefacción.

Después de permanecer en mi casa (en Jerez) durante el fin de semana pasado, el domingo me tocó volver a mi piso de estudiantes en Cádiz. Siempre me da pena dejar mi habitación sola, mi armario vacío y mi persiana bajada, pero el domingo fue más triste que de costumbre porque hacía un día fantástico y sabía que si volvía a Cádiz no podría ir a la playa y dar el típico paseo por la orilla (ese que me invade de positivismo y enegía), ya que debía quedarme estudiando.

Cuando llego a mi piso lo primero que hago es deshacer la maleta. Ordeno meticulosamente cada prenda de ropa en el armario. Después mis apuntes, cada materia en un cajón diferente, cada libro en la estanería de mayor a menor grosor y altura. Limpio mi baño a fondo, recoloco cada bote de gel, crema y champú si hace falta. Quito las sábanas y pongo una lavadora de ropa clara. Aspiro, friego o limpio el polvo (según lo que me toque esa semana, ya que nos turnamos mis compañeros y yo). Llamo a mis padres para darles las buenas noches. Después de finalizar con mi pequeño ritual, queda la recompensa: una ducha caliente con velas e incienso. Uso mi esponja preferida (me encantan las esponjas y su espuma), mi champú preferido, que huele a campo y a las rocas por las que fluyen los pequeños riachuelos, a flores silvestres...

Suelo prepararme la cena después de la ducha, pero el domingo pasado decidí dejar lista la ensalada de canónigos con manzana, piñones y palitos de cangrejo para cuando acabase de secarme el pelo. Por cierto, la ensalada no era demasiado elaborada, suena mejor de lo que fue, lo que pasa es que me relaja cocinar y suelo inventarme recetas para ver qué pasa (¡estaba buena!).

¿Por dónde iba? Ah, sí, la ducha. Bien, me disponía a enjabonarme el pelo con mi champú preferido cuando sin más me dio un tirón en la espalda, tan fuerte que me quedé inmovilizada de cintura para arriba. No sé si atribuírselo al estrés que sufro por la cercanía a los exámenes o a mi última clase de pilates. Fuera cual fuese la razón, lo cierto es que me quedé inválida. Debido a mi falta de vigor para levantar los brazos más allá de los hombros, decidí calmarme y salir de la ducha medio enjuagada. Como pude me sequé.

Desde entonces solo fui a peor, tanto que mi madre me recogió del piso de Cádiz y me llevó a urgencias. Allí me atendió un médico de origen sudamericano, con un acentito muy gracioso pero con muy mala uva (prefiero pensar que se debía a una larga guardia). Ya que estamos dando en Historia de la Medicina la relación médico-paciente, me pareció interesante observar detenidamente su comportamiento y comparar la teoría con la práctica. Me sentí decepcionada cuando después de comunicarle de forma clara y precisa lo que me había ocurrido y dónde y cómo me dolía, no fue capaz de retirar la vista de la pantalla del ordenador. No acabó ahí mi frustración. Todavía tuve que soportar que no me quitase ni el jersey para explorarme, que no me dijera qué me pasaba y que ni se levantara para despedirnos a mi madre y a mí, todo ello por supuesto sin levantar la mirada del ordenador. Esperé en la sala de espera unos minutos y me llamaron para ponerme una inyección de un relajante muscular muy potente. Fue tal la desilusión que salí indignada (y con un dolor fortísimo en el culete).

Volví a casa. Parece que mis deseos de quedarme en Jerez unos días más para disfrutar del sol que entra por la ventana de mi habitación, se hicieron realidad, aunque no de la forma más apropiada. Llevo sentada en el sofá desde entonces, perdiendo clase y estudiando solamente cuando el dolor de cabeza y de espalda me lo permiten.

Hoy hace un día precioso y sigo sin poder disfrutar de él porque en vez de estar estudiando en mi "zulo" de Cádiz, estoy enferma en mi "palacio" de Jerez. Tras darle las quejas a mi madre, sin decir nada ha abierto las ventanas del salón, ha cogido el sillón y lo ha colocado de cara al balcón (una ventana gaditana ,con rejas que sobresalen hacia fuera), y me ha dicho: "anda, ponte al sol un rato". Y aquí estoy, frente al Mamelón, viendo a la gente pequeñita caminar con prisa, las nubes cambiando de forma, el olor a lavanda que desprenden sus flores desde una gran maceta que hay en el suelo del balcón. En ellas se posan insectos voladores de color verde chillón. Y mi preferido, el sonido de los árboles, los jilgueros cantando. Fijarme en ese pequeño rincón lleno de vida, luz, olor y sonido es tan agradable que me ha dejado pasmada, estupefacta.

25 nov 2010

Subida instantánea de moral

Hoy llevo estudiando Neuroanatomía desde que me desperté, a pesar de no haberme tomado ni un descanso para ir a buen ritmo, sigo sin tener ni idea de lo que leo. Voy a repasarme el tema que me estudié hace dos horas y no recuerdo nada.

Tras tomarme una valeriana y meditar durante dos minutos (llamo meditar en este caso a echarme en cara lo idiota que soy al no haberme enterado de nada tras leer un párrafo de ocho líneas cinco veces), mi madre entra en mi habitación. La observo. La noto algo apurada, aunque no me dice nada sé que quiere preguntarme algo.

- Mamá, ¿te pasa algo?
- Sí hija mía, estoy oyendo la radio en el móvil y me está dejando sorda, voy a tener que quitarme los cascos porque a esto no se le puede bajar el volumen.

Tras inspeccionar durante un segundo el cacharro, le doy a un botón y el estrepitoso sonido cesa.

- Toma mamá, prueba ahora.
- ¡Pero qué lista eres!

Hasta cuando no se da cuenta me levanta el ánimo... Qué haríamos sin nuestras madres...

5 nov 2010

Hoy he mirado al libro

Hoy me he propuesto estudiar duro:

Suelo tomarme tres cafés a lo largo de la mañana, porque suelo también acostarme tarde y despertarme demasiado temprano. Después de llevar años tomando tantos, no he logrado entender qué efecto producen en mí. A veces me vuelvo enérgica y activa, que es el objetivo que busco cuando los bebo, además de que me encantan todas y cada una de sus variedades. Otras veces no sirve de nada y noto cómo, paulatinamente, se me van deslizando los párpados hacia abajo, salen siempre ganando, es imposible pararlos.

Después de clase me entra el casi irremediable impulso de caminar hacia el centro de Cádiz y dar un agradable paseo mientras miro tiendas y entro en librerías, o dirigirme a la Caleta, mi pequeña bahía, para darme el gusto de quitarme las botas y pisar su arena dorada y húmeda. Sin embargo me dirijo tristemente al autobús, y veo desde la ventana, envidiosa, a las abuelas gaditanas darse un baño en pleno noviembre.

Admito que me gusta estar sola. Sobretodo a la hora de comer. Llego al piso y me desvisto, me aseo y me meto en la cocina. Cuando estoy triste, cuando no tengo ganas de nada, tengo ganas de cocinar. Para mí es casi como un ritual. Cuando se almuerza, las personas normalmente ven las noticias, pero yo dejé de verlas hace mucho, me deprimía ver y oir tantas atrocidades. Decidí que la mejor manera de no conseguir estar fuera del mundo debido a negarme en rotundo a seguir sufriendo con el telediario, sería leer las noticias por internet, y desde entonces ya no lloro mientras como.

No pierdo el tiempo, me siento en mi mesa para empezar con el estudio, pero me doy cuenta de que llevo atrasando imprimir unos temas desde hace al menos una semana. Reviso lo que tengo que hacer y salgo al a copistería más cercana. Tras una hora me vuelvo a sentar. Me llaman por teléfono. Tras una hora me vuelvo a sentar. Me acuerdo de poner una lavadora. Me vuelvo a sentar. Tras otra hora me entra mucho, mucho sueño, así que hago el recuento de cafés que me he tomado, percibo que hoy no me han hecho efecto.

Recuerdo que mi propósito para hoy era estudiar duro, y como me estreso, decido escuchar a Norah Jones, la única persona, a parte de mi antiguo profesor de yoga, que ha logrado relajarme.


Feeling tired,
By the fire,
The long day is over.

The wind is gone,
Asleep at dawn,
The embers burn on.

With no reprise,
The sun will rise,
The long day is over.


He mirado al libro, y él me ha mirado a mí.