31 jul 2016

I'm alive

Bienvenida/o a mi nuevo blog.

Creo que no podría haber estrenado nueva imagen y nueva vida con mejor canción. Mensaje claro y fuerte: Sigo respirando, sigo viva.

Diferentes obligaciones y actividades me han distanciado de esto, y lo echaba mucho de menos.

Hoy empieza la nueva vida de este viejo blog, pero mi la mía empezó hace ya algún tiempo, después de acabar quinto de carrera, y dejar Cádiz, mi mayor fuente de inspiración, para terminar sexto curso y estudiar el MIR (la oposición para futuros médicos internos residentes que hacen la especialidad), en Jerez de la Frontera, mi ciudad adoptiva y hogar desde el 2001.

En Jerez acabé mis prácticas clínicas en el Hospital, me gradué en el teatro Falla, con mis amigos del alma, y me encerré 7 meses de mi vida para estudiar junto a Pablo, el mejor acompañante de viaje que he podido tener, desde hace ya 7 años y medio. Vivir y estudiar juntos, qué desafío...

Pero todo acaba, y llegó el día del examen, y el día de los resultados, y el día de la elección. Por suerte obtuvimos resultados similares y eso nos permitió poder elegir un destino juntos.

Y aquí estamos. Juntos todavía en una capital de provincia patrimonio de la humanidad, Cáceres. Muy lejos de mi Andalucía querida y del mar, pero arropados por gente maravillosa y aprendiendo a ser buenos médicos de familia.

Después de este escueto resumen de los eventos más decisivos de los 2 últimos años de mi vida, anuncio mi vuelta a este blog, con novedades, como una sección sobre Arte (cine, fotografía, literatura, pintura y música), otra sobre salud, vídeos variados, y además, las entradas de siempre sobre mi peculiar forma de ver el mundo que me rodea.

Hasta la próxima.

30 ene 2015

Si muriera hoy

Suelo pensar mucho en la muerte. No quiero parecer una loca melancólica y depresiva que va llorando por las esquinas todo el día. No me confundas, suelo pensar en la muerte porque primero pienso en la vida.

La vida es sentir, y yo estoy todo el rato sintiendo. Bueno, todos sentimos, eso está claro, pero no todo el mundo piensa en lo importante que es tener consciencia de sentir, ya que es lo único que nos distingue del resto de los animales y de los que ya no están con nosotros.

Creo que empecé a experimentar esa especie de hipersensibilidad hace unos seis años, coincidiendo con el comienzo de la carrera. Fue entonces cuando me di realmente cuenta de que la vida es muy frágil. En cualquier momento podemos dejar de ser y desaparecer, y que la muerte nos aceche así, además de ser muy trágico y poético, hace que nuestra existencia se convierta en algo inquietantemente perecedero, donde es tu máxima responsabilidad el acumular sensaciones sanas y agradables que te ayuden a irte con buen sabor de boca. No hay que obsersionarse con que nos aguarda a todas horas, pero sí hay que mirarla con optimismo y desafiarla con una colección de momentos llenos de pequeñas grandes alegrías.

Tengo una lista mental de las miles de cosas que me inspiran y me producen un placer especial. No creas que son algo exclusivo o difícil de tener. Hace mucho tiempo que me di cuenta de que lo bonito de la vida es sacarle el jugo a las pequeñas cosas que nos ocurren cada día. Para mi es especial cada día de mi vida, porque podría ser el último de ella. 

Es especial que la luna tenga forma de sonrisa, y también lo es que me observe e ilumine con su cara redonda y plateada. Que el viento frío me haga tiritar o que la lluvia me moje cuando camino, es la mejor prueba de que estoy viva, poder sentirlo me hace sonreír. Me gusta oír los grillos en verano cuando estoy en la cama y ver cómo los demás coches se apartan cuando una ambulancia pasa.

Hoy he estado una hora observando a las gaviotas sobrevolar la caleta en Cádiz, con el cielo plomizo y un viento húmedo, y con los vellos de punta sólo podía pensar que si muriera en ese mismo instante, al menos habría disfrutado de estar viva, porque ya me he encargado todos estos años de ser consciente, ya he dejado en blanco mi mente y detenido el tiempo muchas veces para aprender cómo es que alguien te mire con amor, llorar de felicidad o de pena, cómo es ver saltar a un niño con botas de agua sobre un charco y ponerse perdido (y también hacerlo yo :P ), aprender qué se siente cuando alguien te necesita, sentir que formas parte de algo, observar a la gente reunirse en un aeropuerto, ver caerse las hojas de los árboles en otoño o verlas renacer en marzo, que un destello de sol que se escapa de entre las nubes me obligue a guiñar un ojo... Aprenderlo para recordarlo cuando sea muy, muy mayor (me conformo con 115 años) y no pueda verlo o sentirlo otra vez, y por supuesto, cuando me vaya mal, que también ocurrirá, podré tener presente que además del sufrimiento, también he recibido regalos maravillosos.

Si yo muriera hoy no me iría contenta, porque todavía quiero ser y sentir mucho más. Pero creo que lo sumiría con cierta naturalidad. Cuando nacemos somos seres felices en potencia. Depende de nuestro entorno y de nosotros mismos serlo. Conforme va pasando el tiempo por nosotros, a parte de cumplir años, también cumplimos sueños, tenemos espectativas, también cumplimos promesas, también frustraciones y alguna pesadilla. Si exprimimos todas nuestras experiencias y les sacamos la esencia, si nos contagiamos de la sabiduría que nos confieren todas ellas, las buenas y las malas, y las transformamos en sentimiento y alma, el día que nos llegue la hora (cualquier día puede ser), si la parca irremediablemente viene a secuestrarnos, podremos afrontarlo con satisfacción. Hemos vivido, es decir, hemos sentido, disfrutado de la vida como nos ha venido, puede que sin grandes acontecimientos dignos sólo de un rey o un personaje de Disney. Sólo habernos empapado de lo bueno que nos ha tocado vivir, de los pequeños detalles que nos han hecho volar. Ni más ni menos que hacer de cada banalidad, algo especial, porque quizás sea la última vez ocurra.

26 dic 2014

Vértigo

Es curioso cómo nos engaña la mente.

Ayer estaba empezando el verano más largo de mi vida, sentía que podía hacer casi cualquier cosa, que el tiempo era casi eterno, que se detendría para mi y que me dejaría libre y en paz para descubrir cosas maravillosas, ir en busca de aventuras, alejarme de todo, alejarme de mi, descansar, vivir.

Hoy han pasado los meses y ya no recuerdo cómo he llegado hasta aquí, ni cúanto hace que mi mundo ha sufrido una metamorfosis tan brutal: Entonces observaba moverse las hojas de los árboles con el viento fresco del Norte, cerca de canales llenos de barcas, me mojaban la cara las gotas de lluvia al pasear con una bici por verdes caminos y llenos de cisnes, dormía la siesta a la sombra los días calurosos en Córdoba, acostada en mi vieja tumbona, me bañaba en el mar abierto y de cristalinas aguas, aguantaba la respiración mientras veía el cielo y miraba al sol a través del agua... Y ahora soy un número que rellena una plantilla y retiene en su cabeza cientos de datos, que mira por la ventana cómo las hojas se caen, cómo la lluvia impacta contra el cristal, que sueña con el sol, soy la alumna de sexto que tanto envidié ser cuando estaba empezando...

Me da vértigo. La velocidad me paraliza el sentido. A veces tengo que hacer un gran esfuerzo para desconectar, frenar mi pensamiento y respirar hondo, me miro al espejo y entonces me pregunto cómo ha pasado todo tan rápido, cómo he llegado hasta aquí, miro, observo mi reflejo y no me reconozco, no entiendo cómo han podido pasar los años así. Esa de ahí, con su rabillo, sus pecas y su melena kilométrica, con los ojos llorosos y una triste sonrisa, esa soy.

Qué extraña me siento, podría estar mirándome horas, y no sabría decir con toda certeza si la niña que soñaba con curar las heridas del mundo, y de paso también a las personas, es la joven que ha estado ensayando hace unos minutos su mejor sonrisa para la foto de su graduación, y que tiene miedo porque no controla su futuro, porque ya ese sueño está acabando de cumplirse, ya ese tren está llegando a su destino, y ahora la incertidumbre del cuándo, cómo y dónde, la abruma.

Puedo sentir las mariposas revolotear en mi estómago y eso me hace pensar que desde aquel día que me vi sentada ante el juramento hipocrático, muchas crisálidas se habrán abierto, muchas mariposas habrán muerto...