12 jun. 2013

Nietzsche y mi Yo del instituto

Hoy he abierto una bonita caja de bombones que usaba para guardar cartas por primera vez desde hacía mucho tiempo. No recordaba que allí conservaba una redacción del último curso de instituto. En segundo de bachillerato yo estaba pasando por una época cargada de sentimientos. 

Recuerdo que mi profesor de filosofía enfermó en el primer trimestre y tuvo que ser sustituido en enero hasta final de curso. El sustituto tenía ideas totalmente opuestas a las del primero. Era de mediana edad, sosegado, con voz grave, firme y serena. Le encantaba Nietzsche. Le gustaba tanto que nos propuso subir la nota que nos pondría a final de curso con una redacción sobre una mítica frase del filósofo "sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria". Nos dijo que a los tres mejores escritos les regalaría un máximo de 0'5 puntos, y a los cinco o séis que destacaran sobre el resto, como mucho les daría 0'25.

Pasó una semana después de la entrega de las redacciones y comenzó a repartir las notas. Sin embargo, nos comentó que solamente le había dado tiempo de leer la mitad de los trabajos y que como había leído dos muy buenos, ya había agotado con ellos dos de los tres 0'5 puntos. A mí me dio mucho coraje, me pareció injusto y no podía creer que dejara a la mitad de la clase sin la posibilidad de impresionarle con algún trabajo mejor que los de la primera mitad que habían sido corregidos.

A la semana siguiente llegó a clase y lo primero que dijo fue que había tenido que hacer una excepción con las calificaciones de la redacción. Había decidido puntuar un trabajo con 0'75 puntos. Ese trabajo era el mío. Todos (yo la primera), nos quedamos un poco desconcertados. Mi reacción fue pensar que era broma, pero él cambió rápidamente de tema y al terminar la clase me pidió que me quedara a hablar con él. Me entregó los dos folios escritos a mano que le había escrito apropósito de la frase de Nietzsche, con todo lleno de correcciones en rojo, párrafos enteros escritos entre las líneas de mi texto y muchos rayones. Me dijo que no tenía nada más que decirme, que todo estaba escrito en esos papeles y que no quiso leerla en clase por que temía que me molestara. 

Ese hombre no solo me dejó un 9 en la nota final. Me dejó la satisfacción de haberle gustado y de saber que alguien apreció lo que escribí con tan solo 18 años recién cumplidos, salido de mi corazón. Por desgracia, nunca lo volví a ver. Se fue cuando terminó la sustitución.

La letra cursiva y roja es lo que él escribió. Hay una palabra que no entiendo: (...). También subrayó algunas partes de lo que yo escribí. En su momento pensé enseñárselo al mundo entero, porque me sentía orgullosa de mi redacción, pero decidí no hacerlo porque pudiera parecer pretencioso. Sin embargo, hoy me ha parecido una buena idea. Me hace ilusión compartirlo. Espero que os guste.


"SÓLO LO QUE NO CESA DE DOLER PERMANECE EN LA MEMORIA"

Hace relativamente poco sufrí una pequeña crisis espiritual. Supongo que fue un cúmulo de muchas ideas, muchos miedos, muchos sentimientos...

A mis dieciocho años me ha tocado vivir conflictos que otros, a la edad de cincuenta, no han sufrido. Me he hecho así, soy fuerte, dura, realista y luchadora. Realmente todavía no he decidido si eso es beneficioso, por ahora mi forma de ser ha provocado que no encaje o no me sienta yo misma con personas de mi edad, por eso creo que si no se ha pasado por le dolor, esta frase es difícil de interpretar.

¡Casi todos los adolescentes medianamente conscientes (con cierta lucidez) de sí mismos, pasan por LA FASE DE CRECIMIENTO por la que tú estás pasando. Muchas veces para crecer "hay que mudar de piel" y eso casi siempre resulta doloroso, pero MÍDETE LUEGO!

Esta crisis me ha enseñado mucho. Me ha enseñado a creer en mi misma y tener presente que nada ni nadie es para siempre, que todo acaba, que todo fluye hacia un mismo sitio. Puede que mi lucha interna finalizase con la muerte de un pariente que, aunque no me tocaba a penas nada, el hecho de que falleciera joven y dejara amigos, familia, hijas adolescentes y una trayectoria laboral con un futuro  envidiable, me causó bastante impresión. Fue con esa noticia cuando entonces comprendí que la vida se resume en dos partes: lo que depende de nosotros y lo que nos supera. ¡ASÍ ES!

Es sencilla mi nueva visión del mundo (de todo: política, religión, relaciones humanas, muerte, amor, yo misma...) se reduce a que, desde mi punto de vista, estamos aquí por mera casualidad, nacemos nosotros y no otros, tenemos suerte de oler la tierra mojada cuando llueve, dar paseos de madrugada, oír las olas del mar chocar contra las rocas, sentir el viento en la cara, amar, ser amados, reír, llorar... Lo más importante es tener conciencia de ello, y entonces, sabiendo todo eso, hacer todo lo posible, todo lo que esté en nuestra mano por hacer el bien, por poner un granito de arena, que no cuesta nada

Cuando se muere, de uno no queda nada, nos reducimos a cenizas, somos polvo de estrellas. Creo que realmente, lo importante es permanecer en la memoria de los hombres como alguien bueno, que dio todo lo que pudo de sí mismo por los demás, por el mundo, honesto, solidario, tolerante...

En la vida no es todo alegría, y en parte, me parece genial que así sea.

¡¡Decididamente tienes alma de poeta!!: NO TE TRAICIONES NUNCA A TI MISMA, POR AMBICIÓN, PODER O DINERO Y CUIDA COMO A UNA DELICADA PLANTA ESE DON LUMINOSO QUE LA VIDA TE HA OTORGADO. ¡AH! Y NO LO OLVIDES NUNCA, TE LO HA DADO EN PRÉSTIDO PARA QUE LO DEVUELVAS AL MUNDO Y LO HAGAS MÁS "TRANSPIRABLE", MÁS "RESPIRABLE"...

Pertenecemos al primer mundo, tenemos todo tipo de lujos: acudimos a fiestas, tenemos familia, educación, cultura, libertad... y aun así nos empeñamos en sentirnos infelices cuando nos deja un novio, cuando suspendemos un examen o, haciendo referencia a un mundo más adulto, cuando los hijos se van de casa, cuando hay problemas en el trabajo, un divorcio, etc. No nos damos cuenta de la cantidad de problemas y desgracias que sufren las personas, ya no del tercer mundo, porque no hace falta irse tan lejos, sino personas que pierden a sus seres queridos por una larga enfermedad, en una guerra, maltratados, huérfanos, violados, pobres, bajo una dictadura, prisioneros (física o mentalmente)...

Ante el dolor, la tuya es una hermosa apuesta. Yo pienso que NIETZSCHE no tendría nada que objetarte...

El dolor enseña mucho, hace recapacitar, y hasta que uno no sufre o no pasa por alguna experiencia difícil, no es consciente del dolor ajeno. El dolor nos hace humanos, nos da humildad. Cuando se sufre, al aprender, al madurar, se cambia, y ello sí que permanece siempre en la memoria, en nuestro ser, en nuestra esencia.

Pienso que la vida es un conjunto de sucesos que van curtiendo al alma a medida que ésta avanza. Cuando uno muere en circunstancias naturales, a la vejez, solo quedan dos tipos de recuerdos, dos tipos de hechos que la memoria retiene: El aprendizaje fruto del sufrimiento, de alguna mala experiencia que es el que nos hace ser de una manera u otra, el que nos forma como personas; y el resultado del amor, de la felicidad.

Al final de una vida se recuerda lo bueno, es como un sistema de autodefensa que tenemos: los problemas y traumas de pasado tienden a taparse, esconderse y no salir nunca  a la luz. Se recuerdan los momentos que significaron mucho o poco, pero que dibujaran en el rostro una sonrisa, por eso hay que vivir día a día como si fuera el último, no se sabe cuándo llegará el final, hay que ser feliz, nunca conformista y hacer de este mundo un lugar apacible y ameno para el resto de gente. Sin olvidar ni lo malo ni lo bueno.

¡¡CARPE DIEM!!

Porque somos más el producto de nuestros tropiezos y caídas que de nuestros placeres y bienes, pero son estos últimos los que harán que haya valido la pena estar vivos.

Podría finalizar con una conclusión que pretenda completar la frase de Nietzche.

El célebre filósofo, poeta y filólogo alemán, tenía toda la razón, ya que el dolor, sea temporal o permanente, nos forma, nos hace humanos, nos abre los ojos, nos hace madurar...

Son los daños que sufrimos los que nos enseñan a levantarnos y a volver a luchar. El dolor forma parte de nuestro "Yo" desde que es infligido hasta el final de nuestros días. Pero desde mi humilde punto de vista, creo que podría completarse la frase de Nietzsche con "Sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria, mas las gratas experiencias acuden a ella para alentarnos en consecuencia". ¡ESO ES!

Sigue en esta línea: la UNICA forma de hacer filosofía, de "PENSAR" realmente es (...) ¡LA BELLEZA!

¡Esto lo publicaría el mismísimo Friedrich!

¡¡Solo me queda FELICITARTE y desearte toda la suerte del mundo en el viaje que entreveo que ahora COMIENZAS!!

Irene Rodríguez Calzadilla. 2º BACH C.