30 dic. 2010

La Cruda Navidad


Cuando cenamos con la familia en Navidad siempre se nos pasa por la cabeza el gran trabajo que ha supuesto comprar los alimenos, cocinarlos, prepararlos, servirlos, la decoración de la mesa... pensamos también en lo felices que somos por tener todo, o casi todo, lo que queremos: familia, salud, amor, cariño y porqué no, algo de dinero. Pocas personas recuerdan entonces que existe alguien en alguna parte que sufre, que tiene hambre, que está solo y que por supuesto, no recibirá ningún regalo.

Constituyen la parte oscura de la Navidad: los desfavorecidos, los que sufren la soledad, los hambrientos, los no queridos, los enfermos, los viudos, huérfanos... Ellos existen, y por ello quiero dedicar esta entrada a su recuerdo, porque soy la primera que a veces lo olvida, porque ellos merecen una verdadera Navidad más que nadie y durante los 365 dís del año.

Nunca me ha gustado la Navidad. Lo cierto es que me esfuerzo para que no sea así, intento mirar el lado positivo de esta fiesta tan luminosa, tan cercana, entusisasta, cálida... pero cuando me adentro en el espíritu navideño e intento escudriñarlo al máximo lo único que obtengo son las palabras materialismo y teatro y un buen motivo para estar con las dos personas que no veo entre semana, mis padres.

Es difícil creer en el espíritu navideño si te bombardean a spots publicitarios las 24 horas del día, si vas a una juguetería y oyes a una niña de siete años chillarle al padre porque no quiere compartir un juguete con su hermano, si ves a gente pedir en la calle mientras compras, si ves a borrachos salir de una zambomba...

Me quedo con el frío y una manta, con el turrón y un vaso de leche, con las luces y el suelo mojado, me quedo con el recuerdo amargo de que hay quien no puede disfrutar de esas pequeñas cosas...

Próspero Año Nuevo.

5 dic. 2010

Disney


Cuando nos sentimos mal, nada ni nadie excepto un héroe Disney suele animarnos... Peter Pan (su autor padecía el síndrome que le da nombre al famoso cuento, se hizo adulto demasiado temprano y reclamó su infancia a través de la literatura) es del que hablaré hoy.

Los sueños de la infancia se frustran en ciertas ocasiones: cuando se "crece" drástica y antinaturalmente (un divorcio, una muerte, una enfermedad, un traslado...), cuando a un niño le exigen demasiado (ser el mejor estudiante, ser el más bueno, el más guapo), etc. Ello puede ocasionar, en el primer caso, una madurez anticipada que conllevará un exceso de responsabilidad y de sentimiento de culpa en todo lo que le rodee. En el segundo caso, el individuo puede llegar a ser alguien de éxito, pero puede convertirse más fácilmente en una persona frustrada y sin metas en la vida. Al no estar acostumbrado al fracaso, puede ser fatal que pierda en algo.

Los "Peter Pan" son muy vulnerables, aunque parezca lo contrario. Que tengan una gran coraza es únicamente el resultado de ser como son, pero como dice el sabio Refranero español, "La procesión va por dentro". Es raro de explicar, porque me da la sensación de que la fortleza espiritual de la que presumen para cuidar de los demás, es la misma de la que carecen para consigo mismos, como si de una madre se tratase. Yo soy Peter Pan. Hago propio cualquier atisbo de culpabilidad que genere algo que, en principio, debería ser ajeno a mí. Me preocupo más por los sentimientos de los demás que por los míos propios y animo y atiendo a todo el que se sienta triste con más ahínco que su propia madre.

No puedo dejar de preguntarme: ¿A caso ser así beneficia realmente a alguien?

Hace tiempo conocí a una "Peter Pan". Fuerte y dulce, sin nada más que su cabecita loca y su risa pegadiza. Personas como ella aportan luz a quien se encuentra perdido en un camino oscuro, porque saben cómo mirar y hablar a quien lo necesita. He llegado a la conclución, con el tiempo, de que es por su intensa experiencia en su corta vida. Saben tanto... y aman con tanto empeño... Pero nunca lo reconocerán, quizás forme parte de su don, el de sentirse nadie cuando lo son todo...

Peter Pan es el que nunca fue niño del todo y el que más paz e ilusión reparte en el mundo adulto. Parece que beneficia mucho más al que se ve apurado y es cercano al personaje que a él mismo, pero no tiene porqué ser así. Puede que todos salgan ganando, al fin y al cabo alguien debe hacer reír a los demás en los momentos tristes y debe aconsejar a los indecisos. Quizás sea hora de entender qué lugar ocupamos en el mundo. Quizás deberíamos plantearnos la importacia que tenemos en la vida de los demás antes de pensar que estamos perdiendo el tiempo, que solo somos aquella niña de tirabuzones negros...

25 nov. 2010

Subida instantánea de moral

Hoy llevo estudiando Neuroanatomía desde que me desperté, a pesar de no haberme tomado ni un descanso para ir a buen ritmo, sigo sin tener ni idea de lo que leo. Voy a repasarme el tema que me estudié hace dos horas y no recuerdo nada.

Tras tomarme una valeriana y meditar durante dos minutos (llamo meditar en este caso a echarme en cara lo idiota que soy al no haberme enterado de nada tras leer un párrafo de ocho líneas cinco veces), mi madre entra en mi habitación. La observo. La noto algo apurada, aunque no me dice nada sé que quiere preguntarme algo.

- Mamá, ¿te pasa algo?
- Sí hija mía, estoy oyendo la radio en el móvil y me está dejando sorda, voy a tener que quitarme los cascos porque a esto no se le puede bajar el volumen.

Tras inspeccionar durante un segundo el cacharro, le doy a un botón y el estrepitoso sonido cesa.

- Toma mamá, prueba ahora.
- ¡Pero qué lista eres!

Hasta cuando no se da cuenta me levanta el ánimo... Qué haríamos sin nuestras madres...

20 nov. 2010

Tomar decisiones


Una vez alguien me dijo que el ser humano es el único animal libre. Además de tener consciencia de nuestra propia muerte, lo cual nos capacita para apreciar cada momento de nuestra vida, también tenemos elección para todo.

Elegir. ¿A caso un león puede elegir no matar por despecho, por la lástima que le inspira ese pobre búfalo y así morirse de hambre? El león cazará mientras su salud se lo permita porque lo dice su instinto y eso es inamovible. Es prisionero de su código genético. Debe lealtad absoluta a lo que venga escrito en sus genes, por ello si siente hambre come, si siente sed bebe, si siente sueño duerme, se lava, se reproduce... desaparece.

Tener que tomar decisiones, nos hace independientes. Es constante, lo hacemos sin darnos cuenta, casi como la extensión de nuestro pensamiento. Cuando tecleo, elijo sin pensar a penas más de un segundo qué palabra de entre todos los sinónimos que definen el mismo término, voy a escribir. Cuando camino, elijo sin pensar más de una décima de segundo cuándo voy a cruzar, si cambio mi dirección, si salgo corriendo, si grito, si salto, si lloro, si canto... es mi decisión.

Elegir nos hace libres. Pero ¿cuándo una decisión se convierte en cadena perpetua?

Es obvio que las decisiones que tomamos pueden ser las adecuadas o de lo contrario un fracaso. La opción que nos beneficie (instinto de autoconservación) si en ese momento nos implica exclusivamente, será la decisión correcta. Cuando incumbe a alguien más, la cosa se complica y entran en juego numerosas pautas de comportamiento (razonamientos condicionados por barreras morales, culturales, sociales, ideológicas, políticamente correctas, etc) que regirán el arduo camino hacia el desenlace supuestamente idóneo. He ahí la paradoja, ¿qué fue del instinto de autoconservación? comer cuando se tiene hambre, beber cuando se tiene sed... Hemos llegado al límite. A veces tomamos decisiones que nos perjudican , y aunque sean las correctas por lógica aplastante, somos víctimas a manos de nosotros mismos, somos esclavos de nuestra propia moral y ética. La libertad de la que gozamos siendo "la especie elegida", es una traicionera.

Somos tan libres cuando decidimos, como desdichados. Porque como también alguien me dijo en cierta ocasión, la libertad no hace al hombre felíz.



Pd: Susanita, gracias por animarme tanto...


5 nov. 2010

Hoy he mirado al libro

Hoy me he propuesto estudiar duro:

Suelo tomarme tres cafés a lo largo de la mañana, porque suelo también acostarme tarde y despertarme demasiado temprano. Después de llevar años tomando tantos, no he logrado entender qué efecto producen en mí. A veces me vuelvo enérgica y activa, que es el objetivo que busco cuando los bebo, además de que me encantan todas y cada una de sus variedades. Otras veces no sirve de nada y noto cómo, paulatinamente, se me van deslizando los párpados hacia abajo, salen siempre ganando, es imposible pararlos.

Después de clase me entra el casi irremediable impulso de caminar hacia el centro de Cádiz y dar un agradable paseo mientras miro tiendas y entro en librerías, o dirigirme a la Caleta, mi pequeña bahía, para darme el gusto de quitarme las botas y pisar su arena dorada y húmeda. Sin embargo me dirijo tristemente al autobús, y veo desde la ventana, envidiosa, a las abuelas gaditanas darse un baño en pleno noviembre.

Admito que me gusta estar sola. Sobretodo a la hora de comer. Llego al piso y me desvisto, me aseo y me meto en la cocina. Cuando estoy triste, cuando no tengo ganas de nada, tengo ganas de cocinar. Para mí es casi como un ritual. Cuando se almuerza, las personas normalmente ven las noticias, pero yo dejé de verlas hace mucho, me deprimía ver y oir tantas atrocidades. Decidí que la mejor manera de no conseguir estar fuera del mundo debido a negarme en rotundo a seguir sufriendo con el telediario, sería leer las noticias por internet, y desde entonces ya no lloro mientras como.

No pierdo el tiempo, me siento en mi mesa para empezar con el estudio, pero me doy cuenta de que llevo atrasando imprimir unos temas desde hace al menos una semana. Reviso lo que tengo que hacer y salgo al a copistería más cercana. Tras una hora me vuelvo a sentar. Me llaman por teléfono. Tras una hora me vuelvo a sentar. Me acuerdo de poner una lavadora. Me vuelvo a sentar. Tras otra hora me entra mucho, mucho sueño, así que hago el recuento de cafés que me he tomado, percibo que hoy no me han hecho efecto.

Recuerdo que mi propósito para hoy era estudiar duro, y como me estreso, decido escuchar a Norah Jones, la única persona, a parte de mi antiguo profesor de yoga, que ha logrado relajarme.


Feeling tired,
By the fire,
The long day is over.

The wind is gone,
Asleep at dawn,
The embers burn on.

With no reprise,
The sun will rise,
The long day is over.


He mirado al libro, y él me ha mirado a mí.

3 nov. 2010

Dependencia

Las personas pasionales son un arma de doble filo: se marchitan por agotamiento por culpa de tener el estúpido pensamiento de querer darlo todo al resto de los mortales. Olvidan que ser egoísta no es siempre un defecto, a veces es una necesidad para el alma.

29 oct. 2010

Cómo somos, cómo nos ven

A veces me paro a pensar en la cantidad de personas que conocemos a lo largo de nuestra vida (y las que nos quedan).

Cuando coincidimos con alguien que, a pesar de los intentos de llevarnos bien con ella, no nos ha aportado nada bueno, sino todo lo contrario, aprendemos de ello. Identificamos cada vez más rápido y con más facilidad si la persona que nos han presentado nos dará problemas o no. Pero a veces nuestro instinto nos falla, y es ahí donde la experiencia se convierte en prejuicio, que es lo que nos transforma en la persona problemática.

¿Cómo podemos evitar que eso suceda?

No se puede.

26 oct. 2010

Una digestión larga

Otra tarde sentada en mi estudio, filosofeando un rato mientras hago la digestión...

La palabra "amor" está llena de connotaciones... de hecho, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, consta de más de diez definiciones para dicho término. Seguramente nadie se pare a mirar lo que un consejo de eruditos y sabios de la lengua española ha decidido que signifique tal palabra. Sin embargo, yo me he atrevido: "Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser".

Tengo que reconocer que la definición me ha pillado por sorpresa. Mi lado romántico (25%) está indignado, al 75 restante (probablemente el lado sarcástico) le hace gracia.

"Amor", como dije anteriormente, tiene muchísimas connotaciones. No he podido evitar cuestionarme la dureza con la que lo han definido.

El amor, siendo poco sentimentales, científicamente hablando, no existe. El amor es una ilusión provocada por una serie de sustancias químicas generadas por nuestro organismo, una de ellas (conocida, de hecho, por "la hormona del amor"), que desencadenan diferentes conductas relacionadas con la reproducción e instinto paternal. Es decir, el enchochamiento, propiamente dicho, es únicamente un subidón de hormonas. Que simple y cínico suena, ¿verdad?

Nadie se conforma con eso...

El amor, como dice mi diccionario, es un sentimento intenso... genera el deseo de querer estar con la otra persona, y si es recíproco, hace que queramos asegurarlo para el resto de la vida. Pero hay un matiz que me ha llamado la atención (primer gran fallo): "partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser". Qué gran verdad, ¿no?

Estar en una nube y rezumar felicidad cuando se está enamorado es una delicia, pero puede ser un arma de doble filo. Es como lo que le ocurre a un globo, lo llenamos y llenamos y cuanto más fuerte y grande lo tenemos, menos hace falta para que algo tan pequeño como un alfiler, lo rompa.

Ciertamente, partimos de nuestra insuficiencia, nuestro complejo irremediable de inferioridad (consecuencia de idolatrar al otro) para que nuestro corazón le pertenezca. Pero ¿realmente es esa la característica que queremos destacar en una definición?


Es típica la pareja del parque, esa a la que no podemos dejar de mirar, o la pareja de ancianos que va dando un paseo cogida de la mano. Nadie se plantea que eso no sea amor, pero, hay más formas de amar que no vienen descritas en este libro:

El amor es un sentimiento increíblemente intenso que puede ser la consecuencia de la atracción que conlleva la compatibilidad intelectual, física y ética entre dos personas. Bien, pero no sólo es eso, y he aquí el otro gran fallo de esa definición: El amor, no solo no es un sentimiento de inferioridad, sino que tampoco pertenece a los típicos enamorados. El amor es un sentimiento amplio a la par que intenso. Se siente amor por un hijo, incluso más fuerte y duradero que el que compartan los protagonistas del mayor romance nunca escrito. El amor implica dedicación, devoción, pasión... y eso no solo se encuentra en un parque, sino en todo lo que nos produzca una felicidad irremediable, una preocupación sana, una paz interior. Un trabajo, un viaje, un objeto, un sabor, un lugar...

Pienso que es igual de cínico hablar de amor como proceso químico, que vacío es definirlo como el sentimiento que implica tener que ser un subordinado, un ser menudo que se ata a otro ser, y olvidarse de las demás connotaciones igualmente válidas e importantes. Queda claro que el que decidiera escribir eso en un diccionario, estaba muy resentido...

El amor es todo aquello que nos produce escalofríos.


14 oct. 2010

Esperanzas de vida y otras reflexiones en el bus


Aun habiéndome despertado tarde (6.45), ya que acostumbro a empezar el día media hora antes, ayer pude coger el bus que pasa antes del que suelo coger todas las mañanas. Me dio tiempo de estirarme en la cama, maldecir al despertador, maldecir a quien fuera que puso mi horario, mirar por la ventana para ver el tiempo que hacía, elegir la ropa, ir al baño, vestirme, tomar un café y salir volando.

Como decía, me aligeré más de lo habitual pensando que llegaba muy tarde, así que me dio tiempo de echar una carrera y alcanzar al bus de las 7.10 en vez del de las 7.20.

No tenía mi iPod y tampoco me había dado tiempo de coger el libro que me estoy leyendo. Así que ahí iba yo, sola en el bus, acostumbrada a tener entretenimiento, o bien de la mano de los compañeros que también viajan en él o bien por mis propios medios. Así que directamente miré por la ventana.

No pude evitar oir la conversación que mantenían dos mujeres de mediana edad. Hablaban de lo que parecía ser la nieta de una de ellas. Con quince meses nada más, podía repetir todas las palabras que oía casi a la perfección, y tenía unos ricitos negros que su madre con cariño le peinaba mientras ella tarareaba subida a un taburete, mirándose al espejo.

La abuela, como es natural, expresaba todo su amor y cariño por la chiquilla y solo podía pensar en lo lista, buena y guapa que sería su nieta en el futuro, por empezar desde tan pequeña a hablar, a relacionarse, etc.

No paro de pensar desde entonces en la cantidad de espectativas que tenemos. Cuántas ilusiones nos hacemos sobre la vida... Esa niña acaba de llegar al mundo como quien dice y ya tiene sin saberlo la "responsabilidad moral y vital" de hacer realidad lo que todos esperan de ella. En el caso de que no fuese así, es decir, si esa niña crece y resulta ser poco trabajadora, fea, tonta... ¿Qué pasará con las espectativas de su madre o su abuela?

Podemos soñar todo lo que queramos pero cuando todo eso va convirtiéndose con el tiempo en una realidad completamente diferente, se nos olvida lo que un día esperábamos de ello y nos hacemos menos exigentes. Si la niña sale fea, al menos podrá ser lista, si la niña no sale ni guapa ni lista, quizás sea buena, así sucesivamente.

Perder la ilusión no es tarea difícil, aunque parezca al contrario. Somos fuertes, resistentes, capaces de soportarlo, está en nuestra naturaleza, en nuestros genes, somos conformistas al fin y al cabo. Hemos soportado hambrunas, epidemias, glaciaciones... y qué si nos quedamos ciegos, y qué si nos quedamos cojos, se supera. Puede parecernos un mundo, de hecho, por minúsculo que sea, todo al principio nos lo parece, pero sin duda lo más admirable de nuestra especie, el tesoro más preciado que tenemos es la capacidad adaptativa, tanto física como psicológica...

...

La parte no tan mala de salir tan temprano del piso es ver las estrellas justo antes de que amanezca. El recorrido del bus abarca gran parte del paseo marítimo, así que me deleito mirando al océano, profundo e inquieto. Voy intuyendo el horizonte, cada vez más evidente por la luz del amanecer. Veo pequeñas luces intermitentes mucho más allá de la orilla, que supongo, son barcos pesqueros que aprovechan la última oportunidad que les brinda la noche.

Nadie baja del bus conmigo, sola en la calle comienzo a caminar. Sigue estando oscuro... las calles están vacías, seguro que si me sentase en la acera en vez de seguir oyendo mis pasos, todo se quedaría en silencio... no tengo prisa...

4 oct. 2010

Pedir perdón


Últimamente nadie pide perdón. Me cuesta creer que se trata de exceso de orgullo o poca costumbre, que viene a ser lo mismo, pienso yo. He de admitir algo, y es que cuanto más años cumplo, menos trabajo me cuesta, y no se todavía si eso es bueno o malo.

A medida que pasa el tiempo me voy dando cuenta de que las discusiones que generábamos o manteníamos hace años (me ha sentado esto mal de fulanito, dejo de hablarle, fulanita me ha dicho que fulanito me ha criticado etc)son las mismas que tenemos ahora, con la diferencia de edad y magnitud, obviamente.

Que no sirva de precedente, pero pedir perdón me ayuda a evitar que algo que no me gusta o empieza a cansarme, se alargue demasiado. Me explico: con peleas que ya empiezan a ser grotescamente absurdas me planteo si vale la pena continuar con ello, por lo general NUNCA vale la pena, porque el problema inicial era minúsculo y se ha ido haciendo más y más grande, como una bola de nieve, gotita a gotita, en fin... Es entonces cuando una bombilla en mí se enciende, analizo la situación, y como bien sabemos, dos no se pelean si uno no quiere, así que asumo mi parte de culpa sin depender de si el otro ha hecho o dicho algo peor que yo y directamente, pido perdón.

Esta expresión tan difícil de pronunciar resulta ser de las más sonoras y bellas, casi como el canto de una sirena, ya que en cuanto la oímos desprendemos un sentimiento de euforia y poder que casi se puede oler, como si oirlo fuese una droga estimulante.

A todo el mundo le gusta oir cómo le piden perdón, pero nadie (y me incluyo)se da cuenta a tiempo de que la gran, grandísima mayoría de veces, los dos bandos que están en guerra tienen la culpa. Normalmente uno descubre que también ha metido la pata cuando le dicen la susodicha palabrita.

No me he vuelto más tonta, y tampoco más ingenua, y no, no significa que pida perdón a la primera de cambio, al contrario, tardo mucho. Puede que esa palabra esté sobrevalorada, al fin y al cabo, parece que cuando se dice "lo siento" perdemos nuestro honor, o al menos decrece.

Ya es hora de que eso cambie...

22 sept. 2010

Con cariño, desde España

Hola Anne!!!

No he sabido nada de tí desde hace mucho tiempo, y me ha costado mucho acostrumbrarme a que no estés en Jerez, aunque te parezca mentira tú has sido uno de los pocos motivos de que este verano fuera mucho mejor que cualquier otro.

No puedo creerme todo lo que te ha pasado, y ha debido ser muy duro tener que tomar tantas decisiones bajo tanta presión y estando sola a miles de kilómetros de tus padres. Me hubiera encantado que me llamases para poder hablar de ello pero sé que resulta difícil contar tantas cosas mientras están pasando.

Me ha encantado tu correo. Como siempre, sigue sorprendiéndome la facilidad con la que te expresas en español, resulta divertido leerte porque me demuestras que solo hace falta interés y paciencia, eres genial.

Aquí todo bien, poco a poco empieza a nublarse y las hojas, aunque lentamente, se caen de los árboles que veo desde mi ventana, aquí en Jerez. Ha llovido alguna que otra vez, pero Pablo y yo nos resistimos a pensar que ya a penas queda verano y de vez en cuando vamos a dar paseos a la playa, vemos los atardeceres y nos volvemos a casa.

Hoy me he despertado temprarno y he ayudado a mi madre a limpiar un poco la casa. Estoy muy cansada, será porque anoche volví a acostarme tarde... invité a todos a cenar a mi casa porque mis padres se habían ido a Algeciras a recoger a mi hermano del ferry que le traía desde Marruecos (mi hermano ha pasado unos cuantos días allí con un amigo que tenemos que es marroquí). Fue muy divertido, nos reimos mucho. Todos te recuerdan, que lo sepas, todos me preguntan por tí, y ahora les digo que estás bien, que ya has empezado y que también nos echas de menos...

El viernes voy a mi primera fiesta universitaria de este año. Me quedo en casa de una amiga de mi clase y nos juntaremos todas allí para maquillarnos y vestirnos, estaremos fuera toda la noche, espero que valga la pena, porque mis pies no aguantarán tanto!! :)

He aprobado todo, este curso lo empiezo sin ninguna asignatura del anterior, cosa que me tranquiliza. Este curso, como creo que ya te dije, empiezo mis prácticas clínicas en hospital, centro de salud y talleres. Estoy muy animada y cada vez creo con más optimismo que esto es lo mío.

Ayer fui al Coloma, ¿lo recuerdas? Se me hizo muy, pero que muy extraño volver allí y ver que nada había cambiado. La verdad es que nunca lo eché de menos... hablé con muchos profesores que se alegraron de verme, incluso mi profesora preferida, la que me daba biología, me invitó a que diera una charla en su clase de ciencias sobre los pros y los contras de entrar en Medicina, de cómo me iba y cualquier cosa que quisieran preguntarme. Fue muy emocionante, porque hace dos años no me hubiera creído que estaría donde estoy.

Empiezo las clases el cuatro de octubre, aunque me iré antes a Cádiz a preparar mis cosas, hacer la mudanza y dejarlo todo listo. Ojalá pudieras venirte en Navidad, o incluso irme yo. Tenemos que planear algo poquito a poco, para que nada salga mal...

Supongo que preguntarte qué tiempo hace allí en Alemania sería meterme contigo un poquito, porque seguramente allí ya esteis con jerseys y con pantalones de pana, ¿¿no?? Sabes que me encanta el invierno, así que en parte, ¡te envidio! Ya sabes que pienso que tú y yo nos hemos conocido porque el destino quiso que algún día nos cambiásemos las vidas. Yo allí y tú aquí... ¡¡ERES MÁS ESPAÑOLA QUE YO!!


Espero noticias tuyas.

Muchísimos Küssen. Te queremos...

De tu española favorita, Irene.

13 sept. 2010

Destino cruel

Estoy en trance. Acabo de comprender (aunque de forma esquemática) tras una larga conversación, qué tipo de antepasados tengo, de dónde venían y cómo eran.

Todo ha pasado a raíz de una joya antigua que he descubierto "sin querer" entre las cosas de mi madre. En mi casa, las conversaciones sobre el pasado de mi familia son muy comunes, porque a mi padre siempre le ha gustado indagar en esos temas.

Se remonta a mi tatarabuelo. Era notario en Madrid, fue el primer estudiante de la familia de mi padre, cuyo título según me han dicho, fue firmado por la Reina Isabel II. Pertenecían a familia adinerada, con antepasados de Fuenteovejuna, pueblo de Córdoba que linda con Extremadura en el cual nacieron mis padres.

Mi tatarabuelo era un privilegiado, que no sé muy bien cómo consiguió estudiar, ya que por aquella época dificilmente uno se disponía a eso y su padre además, aunque desconozco a qué se dedicaba, no tenía mentalidad abierta. El caso es que se convirtió en una persona más que respetada en Madrid, con un piso en una de las plazas más céntricas de la ciudad y lo que más me ha perturbado, descansaba en verano junto al Escorial con toda su familia. También he visto cartas que se escribía con Sagasta, presidente del Gobierno del Partido Liberal en el siglo XIX.

Desgraciadamente murió a causa de un infarto o una angina de pecho, según su certificado de defunción. A todo esto su familia, al no poder mantenerse en Madrid, decidió irse al pueblo del que procedían, Fuenteovejuna, para así vivir del capital que el patriarca les había dejado y, si aquello les fallaba, ir vendiendo las fincas que tenían por aquella zona. Así al menos se aseguraban una vida más que digna para ellos y al menos una generación más.

Sin embargo, las malas inversiones y la poca cabeza de los predecesores de mi tatarabuelo, hicieron que la fortuna de la que podían presumir se esfumara en poco tiempo. Siguieron siendo gente estudiosa, de leyes, sobre todo, pero como dignos hijos de señorito, no estaban acostumbrados a luchar por nada, así que cuando la vida les golpeaba, simplemente no se levantaban.

Mi abuela, nieta del susodicho, nació del matrimonio entre el mayor de los hijos de este y una mujer del pueblo. Ella se casó con mi abuelo, veterinario de Fuenteovejuna. Y así, por fin, surgió mi padre.

Y ahora digo yo: Si mi tatarabuelo no hubiese muerto tan joven, todos sus hijos se habrían quedado en Madrid, habrían seguido formando familias adineradas y probablemente el hecho de tener ascendencia melariense (de Fuenteovejuna) solo sería una anecdota. Lógicamente ni mi abuela, ni mi padre ni yo existiríamos. Sin embargo mi madre sí. Ella se habría casado con otro hombre, tenido otros hijos y vivido en cualquier otro lugar.

Curiosamente el destino quiso que lo que fue traumático y le destrozó la vida a una familia, a mí me la diera. Existo, como quien dice, gracias a que alguien por aquél entonces tuvo que tomar la difícil decisión a raíz de una muerte, de mudarse a un pueblo recóndito a probar suerte.

Eso me hace pensar también que si mi padre no hubiese pedido traslado a Jerez, y se hubiese quedado en Córdoba, yo no habría conocido a mi novio, por ejemplo. ¿Quiere decir eso que si mi alma gemenla estaba en Jerez, si no me hubiese mudado no la habría encontrado nunca?

Sinceramente, lo más lógico es pensar que no existen las almas gemelas. Posiblemente ahora estaría con un chico en Córdoba que me hiciese felíz... lo típico.

Pero... ¿y si el destino finalmente me hicera conocer a mi novio en Jerez? No es tan difícil, porque la nota para entrar en Medicina solo me daba para quedarme en Cádiz, que es donde él estudia...

Menuda paradoja. Soy fruto de la muerte y de las decisiones difíciles.

Me duele la cabeza, voy a dormirme.

12 sept. 2010

Se cierran los chiringuitos

Cada vez que pienso que empecé con mal pie, me asusta tener que volver a pasar por lo mismo. Resulta estresante. He luchado toda mi vida (más concretamente estos tres últimos años) para conseguir un objetivo, el de ser estudiante de Medicina.

Me han obstaculizado numerosas catastróficas desdichas, una de las que más me costó superar fue mi crisis de identidad, allá por octubre de hace dos años. Sin embargo no perdí el entusiasmo y lo dí todo. Creo cada vez con más seguridad que la vocación no da los aprobados, pero te empuja a luchar por ellos como si de tu vida se tratase.

Una vez dentro, todo cambia. Pasas de verlos como héroes y unos completos sabios, a verlos como lo que somos: gilipollas que lo dan todo sin recibir nada a cambio, (defínase todo por vida entera).

La Medicina no es nada por lo que sea gratificante pegarse tortas. Es más, es agotador estudiar durante horas, hacer trabajos y prácticas al mismo tiempo, acabar con tu vida social, y lo peor de todo: saber que se tiene la mayor responsabilidad del mundo, tener una vida en tus manos.

Cuando quiero darme cuenta, estoy hablando de Medicina. Hoy he ido a comer con mis amigas de la facultad. Tenía muchísimas ganas de contarles lo bien que me lo había pasado este verano y de preguntarles qué tal todo, en fin, lo típico de un reencuentro. Hemos acabado en la biblioteca explicándole a una de ellas sus dudas sobre Citología para su examen de septiembre. Todas estamos deseando volver a estudiar, pero esta vez desde el principio. Ya estamos planeando cómo quedaremos y qué estudiaremos en la biblioteca. Tengo que admitirlo, por muy raro que parezca, admito que una vez que caes, es difícil salir de este mundo.

Nadie que no sea del gremio podrá comprender jamás la pasión que puede sentirse por todo lo que rodea a la Medicina, por la idea de ser verdaderamente útil el día de mañana, por los conocimientos que se adquieren, por la satisfacción que supone pensar "voy a curar a la gente, voy a devolverles la esperanza, voy a hacer que se sientan mejor". De verdad que quiero intentarlo.

Ha pasado un año desde aquél felíz día en el que me enteré de que había entrado por fin, tras tanto sufrimiento, en el mundo al que había soñado pertenecer durante mucho, mucho tiempo atrás. He pasado un año orgullosa de lo que soy y he aprendido a quererme por haber hecho las cosas por mis propios medios, a pesar de haber sido difícil en ciertas ocasiones. Lo he conseguido. He superado mi primer curso.

A pesar de haber tenido que estudiar en septiembre, sin duda ha sido el mejor verano de mi corta, y podría decirse, intensa vida. Vuelvo con energía y fuerzas para enfrentarme a lo que sea. Los chiringuitos están ya cerrados, los niños ya van al cole... qué rápido pasa el tiempo... ¡mi segundo año! :D

9 sept. 2010

Mi pequeño gran lujo


Amanecí dolorida, el día de antes había estado luchando en la piscina de una amiga contra varias chiquillas de entre seis y diez años.

Una de ellas siempre que me ve sale corriendo y le da un abrazo a una de mis piernas y me dice: métete en la piscina, vamos a jugar. Evidentemente no puedo resistirme, es una niña adorable, a la que por cierto se le partió la clavícula a principios de verano, por lo que la he visto pasar de ser una niña tímida y asustadiza con el brazo en cabestrillo a ser una personita llena de vitalidad y con gran agilidad.

Hay otra niña a la que sinceramente admiro, quizás porque es la antítesis de lo que yo fui en mi día. Me esforzaba mucho para que no me relacionaran con los gamberros de mis primos y hacía todo lo posible para que me identificaran como lo que quería realmente ser, una niñita fina y recatada, con madurez suficiente como para saber que estaba mal lo que hacían los cafres esos (vamos, un muermo de niña). Ella en cambio es impulsiva, alegre, segura de sí misma, guerrera, pasional e hiperactiva... el otro día le dije que me dibujara un perro y me pidió permiso para dibujar a un perro salchica con una camiseta, simplemente quería ser diferente. Me alegra el día cuando me dice que soy su mejor amiga, tengo un pequeño cofre con pulseras y dibujos que me regala. Ojalá no cambie nunca su forma de ser, me enseña tanto...

Como iba diciendo, me desperté dolorida, sin embargo no era motivo suficiente para negarme a acompañar a mi chico a un examen en Cádiz. Así que metí el libro que me estoy leyendo ahora en mi superbolso y me coloqué mis gafas de sol. Lista para pasar unas horas en la Caleta, solo yo.

Después de comer con él, le desee buena suerte y me fui a la Facultad de Medicina, mi hogar, como quien dice. Hacía tiempo que no la veía y tenía interés por las obras que están teniendo lugar antes del nuevo curso. No era para tanto, una cafetería nueva y sillas nuevas de color rojo para todas las aulas.

Llegué a la Caleta por el camino de siempre. Dedicí bajar por las escaleras que dan directamente a un pequeño bar turístico pero muy familiar que hay prácticamente a la orilla del mar para tomarme un café mientras leía mi libro. Creo que ha sido la primera vez que he visto la marea tan alta allí, había olas muy grandes que chocaban contra el muro que separa al bar de la arena. Sin embargo hacía un día espléndido, luminoso y con una brisa de poniente que movía las sombrillas con cierta constancia. Ahí me quedé, en una mesa solo para mí, con un café con leche y un libro de ensayos que me tiene absorbida.

Una de las veces que levanté la mirada del papel y me quedé mirando cómo las olas se estampaban contra las barquitas de colores que meses antes, en invierno, había visto reparar por los marineros más típicos que te puedas imaginar, me dí cuenta de lo afortunada que soy. Afortunada por conocer ese pequeño gran lujo, el de estar en la orilla de un mar guerrero de color turquesa con arena dorada y un viento fresco azotándome en la cara...

Sólo podía pensar en una frase que leí de aquél libro de ensayos que decía que se puede escribir sobre cualquier cosa, incluso sobre el camino que hace una hormiga por una pequeña grieta en el suelo. Ese sitio, la Caleta... me hace olvidar cualquier pensamiento negativo y me llena la cabeza de buenas sensaciones y de palabras sueltas que deseo reunir para formar esto que escribo. Paco de Lucía, al que por cierto pude ver en directo hará unas dos semanas, le compuso una canción preciosa, y no me extraña... de este pequeño paraíso solo pueden salir cosas buenas.

Pedí la cuenta, pensé que me estaban queriendo decir algo apilando todas las sillas y mesas en un rincón, como si quisieran cerrar el bar para poder bajarse a la orilla a disfrutar del sol, como todos los demás. Así que me fui de allí para instalarme debajo del valneario, apoyada en una columna, con el mar de frente. Es curiosa la cantidad de escenas divertidas que puedes ver en un rato, solo observando: desde unos niños nadando hacia una barquita verde esperanza para poder subirse y tirarse al agua como si de una plataforma se tratase, un anciano calentando en la orilla antes de entrar a darse un baño, una niña pequeña jugando a "vestirse" con la funda de una almohada que le dio su madre (cosa que me hizo mucha gracia porque después descubrió que podía ponerse sus pequeños pantaloncitos en la cabeza como si fuera un sombrero y resultaba adorable), palomas buscando las migas de pan que dejan los que almuerzan allí, los maridos dormidos como troncos de las típicas gaditanas que hacen punto en la playa mientras se cuentan los cotilleos...

De pronto me suena el móvil, es una amiga de Cádiz, quería saber si saldríamos un día de estos allí todas las niñas juntas. Como daba la casualidad de que yo ya estaba allí, le respondí diciéndo dónde estaba y que se viniera a verme un rato antes de que él acabara el examen. Ella aceptó, así que la esperé sentada mientras observaba todo aquél panorama.

Finalmente acabamos, no sé cómo, sentados todos los compañeros de mi chico, él, mi amiga y yo en otro bar también en la Caleta celebrando haber conocido a dos de ellos que tenían que volver a su casa después de un curso como erasmus de Italia. Así que tras unos juegos de magia, unas copas y unas risas, les dijimos adiós.

Hemos vuelto los dos a mi casa, hemos cenado por fin a solas, él y yo... A pesar de estar muerta de cansancio he sentido la necesidad de escribir esto antes de que se me olvidara todo...

19 ago. 2010

Trocito de infancia


Hoy algo me ha hecho recordar que hace una enternidad yo solía ir de vacaciones al pueblo de mis padres, donde teníamos una pequeña casita en mitad de un encinar, allí en Sierra Morena.

Recuerdo que cada noche salíamos a la terraza y cenábamos a la luz de un par de farolillos que colgaban de la fachada, solos ante un alboroto de sonidos y sombras. Grillos, cigarras, lechuzas, conejos, zorros, murciélagos, ranas...

Recuerdo que me bañaba desnuda. Encendíamos las luces de la piscina y jugábamos a hacernos los muertos, tumbados boca arriba en el agua, observando el cielo.

Miraba las estrellas y me sentía minúscula, de hecho fue uno de los pensamientos que de pequeña me quitaban el sueño. Ver aquella inmensidad encima de mí me dejaba atontada durante horas.

Todavía no he vuelto a ver el cielo tan limpio como aquellos veranos, y dudo que lo vuelva a hacer.

Todas las siestas me sentaba en el mismo sofá y dibujaba o leía como una loca esperando a que mis padres se despertaran para poder subir de nuevo a la piscina. Había días que el calor era insoportable y mis primos, mi hermano y yo hacíamos guerras de globos de agua. Yo siempre perdía.

Creo que uno de mis recuerdos más tiernos de ese campo es ver a mi abuelo sentado debajo del toldo en el borde de la piscina mientras nos bañábamos. Y que mis padres, al limpiar la depuradora antigua sacaran una pequeña rana de San Antonio y me la dejaran en las manos mientras intentaba mantenerme a flote. Recuerdo que jugué con ella durante horas. La cogía entre mis manos, y al pasar un rato las abría y la dejaba libre en el agua y la perseguía buceando hasta que se quedaba quieta y entonces la volvía a coger. Era verde esperanza con una pequeña línea dorada que le rodeaba los ojos.

Cuando venía mi tía a vernos siempre acabábamos escapándonos ella y yo de todos los demás para vivir aventuras recorriendo el resto de las tierras de mi campo. Había un riachuelo que en verano se secaba y dejaba un sendero lleno de arbustos y juncos secos. Nos gustaba ir allí y sentarnos en unas rocas grandes a observar un árbol que se había muerto hacía muchos años. Ella siempre dijo que fue a causa de un rayo.

Es curioso. Una vez soñé que estaba allí, en mi campo. Me tiraba de cabeza a la piscina y al salir a la superficie estaba él. Nos besábamos. De pronto me desperté. Fue uno de los sueños más placenteros que he tenido en mi vida. Reuní los dos trocitos de mí que más felíz me han hecho sentir. Cuando abrí los ojos pensé "esto tiene que significar algo". Ahora lo sé.

Te...

5 ago. 2010

Los pequeños placeres

Hace un tiempo me fijé en que lo que verdaderamente nos hace felices (si es que existe ese estado físico y mental), son los pequeños placeres de la vida. Son circunstancias que normalmente pasan desapercibidas, momentos o sucesos que apenas llaman nuestra atención... hasta que nos damos cuenta de que son ellas las que dibujan la sonrisa que tenemos en la cara o el sentimiento de paz que nos invade.

Todo el mundo tiene su pequeño placer, a veces varios... yo me propuse hacer una lista mental de cada uno.

El deseo de hacer una entrada sobre este tema me surgió esta madrugada. Estaba hablando con mis amigos en el portal de la casa de uno de ellos sobre los sueños que habíamos tenido de pequeños, aquellos que se repetían y que marcaron una etapa en nuestras vidas. Nos reímos mucho, había algunos verdaderamente graciosos.

Fue entonces cuando me dí cuenta de que el último pequeño placer que había descubierto era el de recordar los sueños.

Es lo típico de cuando te despiertas después de una noche placentera, temperatura ideal, hora ideal, con la sensación de que has soñado algo genial, lo tienes en la punta de la lengua, pero se te escapa... se te escapa... Luego, a la tarde, hay algo que te recuerda un detalle del sueño y de pronto empiezas a revivirlo todo y sonríes con aire victorioso. Justo ese instante...

Mi lista mental cada vez es más larga, seguramente algún día la escribiré en un trocito de papel. Será como una especie de diario de ideas que guardaré como un tesoro. Cuando esté triste lo leeré, y me daré cuenta de que probablemente nunca nada me haga tan felíz como...

...Acurrucarme en la cama una mañana de invierno y ver en la ventana las gotas estamparse contra el cristal.

...Tomarme un colacao fresquito para merendar en verano.

...La primera lluvia de otoño, ver como caen las hojas, el olor a tierra mojada.

...Sacarle la lengua a un bebé mientras hago cola en el banco o en el cine, o cuando estoy sentada en un bar y ver su sonrisa.

...Decir algo al oído.

...Observar cómo los coches se apartan del camino para dejar paso a la ambulancia que se oye venir.

...Ponerme una rebeca al atardecer.

...Subir a mi azotea, estar sola, en silencio.

...Cantar el estribillo de mi canción favorita.

...Leer poesía.

...Tener una gran idea.

...Añorar un beso, recibirlo, darlo.

...Cocinar porque sí.

...Viajar en tren.

...Sentarme en el suelo después de haber ordenado mi cuarto para verlo bien.

...Pelar los pimientos asados que prepara mi madre, su olor.

...

...

22 jul. 2010

Amistad


Antes de nada debo confesar que para mí, creer en la amistad es como para un ateo creer en Dios. A mí tienen que demostrarmelo.

Mantener una relación es complicado. A veces las parejas fracasan, hay muchos motivos, aunque creo que el principal es elegir caminos distintos, tener diferentes espectativas, no ser almas gemelas...

Sin embargo se dice que la amistad es un tesoro que puede durar toda la vida ¿Por qué? ¿Cuál es la clave? Si hay algo cierto en todo esto es que por muchos caminos diferenctes que dos amigos escojan, pueden superarlo, aunque estén a horas y horas de tren de distancia. Somos capaces de aceptar las diferencias que tengamos con un buen amigo pero no permitimos que exista algo en nuestra pareja que nos disguste, a pesar de que sabemos que las relaciones duraderas son las que se basan en la tolerancia y, en parte, la pasividad.

No me permito hablar de mejores amigos, porque sé que no existen, me lo dice la experiencia. Los amigos no salen corriendo, los amigos son almas gemelas destinadas a continuar enganchadas por un lazo muy fuerte y flexible que permanece aunque todo lo demás cambie.

Yo tengo una amiga. Mi amiga jamás me abandonó, o al menos nada serio. El lazo nunca se ha roto, y por mucho que se estirara, siempre supe que al otro lado del cordel, estaba ella. Cuando contactamos, aunque pasen meses, hablamos como si nos hubiésemos visto el día anterior. Mi amiga sabe todo lo que soy y todo lo que tengo pero no sabe todo lo que me pasa. Eso lo hace atractivo.

Sé que no se puede decir a ciencia cierta que cuando seamos mayores y nos encontremos por la calle, pararemos a tomar un café y nos reiremos de tiempos mejores. Sé que no se puede decir a ciencia cierta que seremos amigas para siempre, pero algo me dice que mi alma gemela seguirá conmigo mucho tiempo.

19 jul. 2010

Odio In Crescendo


Justo después de una discusión telefónica, con sueño y sabiendo que mañana madrugo, me voy a la ducha (02:18). En ella recapacito, como de costumbre, sobre un punto clave en las discusiones de pareja...

Los teléfonos móviles:

Yo nací en una época de transición en la industria de telefonía móvil. Resulta que antes de que yo existiera los móviles se le atribuían a los altos cargos de la bolsa (esos enchaquetados y con maletín tan, tan estresados que van pegados al aparato como si de su apéndice se tratase). Ahora mi prima de 8 años, que va a misa los domingos para prepararse la Comunión, fecha en la que, por lo general, no sabes ni lo que es un grupo de amigos fuera del "cole", tiene un móvil de última generación, que sinceramente, no sé para qué lo usa. Y yo me pregunto ¿a caso tanta comunicación es sana?

Creo que se abusa del tiempo del que se dispone para conversar. Hemos pasado de no ver a alguien en años a tener a todo el mundo a un mensaje privado del tuenti o un toque o un correo de distancia. Me recuerda a veces a los carretes de las cámaras antiguas, donde todo el mundo elegía cuidadosamente la escena que quería retratar y procuraba hacer la fotografía bien centrada y luminosa ya que de lo contrario, le restaba una a la reducida lista de oportunidades que nos brindaba el carrete. Ahora con las digitales tenemos más de 200 oportunidades... ¡a derrochar!

No estoy diciendo que no quiera hablar por teléfono, sino que cada vez defiendo con más ahínco el hecho de que palabras las justas.

18 jul. 2010

Algo para recapacitar


Sin venir a cuento empezé a pensar esta madrugada mientras me duchaba antes de meterme en la cama si todo lo que vivimos después de una mala experiencia personal (enfermedad familiar, relación personal, estudios...) nos hace más fuertes o de lo contrario nos debilita. No importa lo que lleves sin acordarte, el destino se encarga de que lo tengas presente. Y digo yo: ¿si el pasado tiene que influir en nuestro presente, de qué forma debería hacerlo?

Una vez cierto viaje a Roma resultó acabar en tragedia y me demostró que un sueño roto puede resultar muy doloroso. ¿Significa eso forzosamente que a partir de ello deba sentirme amenazada por París, por ejemplo? ¿Debemos juzgar nuestro presente según nuestro pasado, o de lo contrario tenemos que aprender a hacer borrón y cuenta nueva? y si lo último es lo adecuado... ¿no nos haría sentir unos necios si volviera a pasarnos lo mismo?

Planteándome todo esto solo consigo que se me vengan a la mente muchas otras preguntas...

Puede que la respuesta se encuentre en que nunca se debe olvidar, pero es importante tratar las cosas por su nombre y tener presente el pasado sin que sea determinante en el futuro, es decir, aprender a superar lo que nos depara la vida (enfermedades, abandonos, rupturas, fracasos laborales...) sin olvidar que todo ello nos ha formado, que somos la escultura que surge de los golpes del cincel de la vida pero no por ello debemos seguir el camino fácil de encasillar todo lo que nos ocurra y esperar lo mismo en un futuro. Siempre hay algo... o alguien que se salta nuestra norma... y resulta ser lo mejor que nos pase jamás.

Como diría alguien muy especial, hay que tener Fe.