5 nov. 2010

Hoy he mirado al libro

Hoy me he propuesto estudiar duro:

Suelo tomarme tres cafés a lo largo de la mañana, porque suelo también acostarme tarde y despertarme demasiado temprano. Después de llevar años tomando tantos, no he logrado entender qué efecto producen en mí. A veces me vuelvo enérgica y activa, que es el objetivo que busco cuando los bebo, además de que me encantan todas y cada una de sus variedades. Otras veces no sirve de nada y noto cómo, paulatinamente, se me van deslizando los párpados hacia abajo, salen siempre ganando, es imposible pararlos.

Después de clase me entra el casi irremediable impulso de caminar hacia el centro de Cádiz y dar un agradable paseo mientras miro tiendas y entro en librerías, o dirigirme a la Caleta, mi pequeña bahía, para darme el gusto de quitarme las botas y pisar su arena dorada y húmeda. Sin embargo me dirijo tristemente al autobús, y veo desde la ventana, envidiosa, a las abuelas gaditanas darse un baño en pleno noviembre.

Admito que me gusta estar sola. Sobretodo a la hora de comer. Llego al piso y me desvisto, me aseo y me meto en la cocina. Cuando estoy triste, cuando no tengo ganas de nada, tengo ganas de cocinar. Para mí es casi como un ritual. Cuando se almuerza, las personas normalmente ven las noticias, pero yo dejé de verlas hace mucho, me deprimía ver y oir tantas atrocidades. Decidí que la mejor manera de no conseguir estar fuera del mundo debido a negarme en rotundo a seguir sufriendo con el telediario, sería leer las noticias por internet, y desde entonces ya no lloro mientras como.

No pierdo el tiempo, me siento en mi mesa para empezar con el estudio, pero me doy cuenta de que llevo atrasando imprimir unos temas desde hace al menos una semana. Reviso lo que tengo que hacer y salgo al a copistería más cercana. Tras una hora me vuelvo a sentar. Me llaman por teléfono. Tras una hora me vuelvo a sentar. Me acuerdo de poner una lavadora. Me vuelvo a sentar. Tras otra hora me entra mucho, mucho sueño, así que hago el recuento de cafés que me he tomado, percibo que hoy no me han hecho efecto.

Recuerdo que mi propósito para hoy era estudiar duro, y como me estreso, decido escuchar a Norah Jones, la única persona, a parte de mi antiguo profesor de yoga, que ha logrado relajarme.


Feeling tired,
By the fire,
The long day is over.

The wind is gone,
Asleep at dawn,
The embers burn on.

With no reprise,
The sun will rise,
The long day is over.


He mirado al libro, y él me ha mirado a mí.

2 comentarios:

  1. Bueno... Mañana será otro día. Al menos, la intención no falta y llegará, sin duda, el momento justo en que, de forma natural, te encontrarás estudiando.
    Mientras tanto, este pequeño relato te ha quedado genial. Se lee sin prisa y sin pausa, disfrutando cada palabra.
    Gracias por hacerlo público, y un muy cordial saludo.

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  2. Agradezco profundamente su comentario. Espero con entusiasmo que tal momento llegue, mientras tanto seguiré bebiendo café.

    Gracias a usted por animarme con sus halagadoras palabras... Atentamente, Irene.

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