10 mar. 2012

Castillos de arena

Cierro los ojos. Mis párpados sucumben ante la divina fortaleza de un sol de primavera en pleno invierno. Los rayos impactan contra la pálida tez de las niñas que, a riesgo de coger un resfriado, lucen el biquini que han rescatado del fondo del armario esta linda mañana de domingo. Atrás queda la ola de frío de la que hoy nadie parece acordarse.

Soy la única que decide salir a correr un domingo a medio día por el paseo  marítimo de Cádiz... hoy todos decidieron dar un paseo y aprovechar para tomar algo en un bar, cerca del mar. Esquivo a la multitud.

La marea está alta y huele a mar y los niños hacen volar sus pequeñas cometas y los padres los miran satisfechos y los aviones dejan una estela en el cielo que firma el firmamento y que va desapareciendo como las olas en el mar...

La vuelta la haré caminando por la orilla...

Mientras cuento sus turquesas, las olas rompen con fuerza y me parece que el mar le reclama a la playa su arena e intenta abrazarla, pero ésta se escapa. Pequeñas gotas de agua gélida resbalan por mi cuerpo y contengo un escalofrío. Mis ojos se pierden más allá del horizonte, incapaces de vislumbrar lo enorme y majestuoso que es el océano, yo me intimido y me emociono. Muchos son los que quieren capturar la escena pero no habrá jamás una fotografía que le haga justicia a este momento, a cada detalle que siento.

Me pregunto si para mí dejaría de ser tan bello si todos los días fueran como este... posiblemente dejaría de ser tan impresionante, paulatinamente, hasta convertirse en algo vulgar... como cuando el viento le arrebata a los preciosos y delicados castillos de arena cada grano hasta que solamente queda un montón informe...

Castillos de arena...

Recuerdo cuando mis padres cargaban con una mochila llena cubos, palas y rastrillos de todos los colores cada vez que íbamos a la playa. Todavía no habían colocado la sombrilla y yo ya me había puesto de arena hasta las cejas y no paraba de correr de un lado para otro, impaciente, hasta que mi madre me pusiera la crema solar y me diera permiso para bañarme.

Aunque nací y viví en Córdoba, mis padres siempre intentaban llevarnos a playa con relativa frecuencia. Pero fue durante la época que vivimos en Cataluña (en Figueras, Gerona) de la que más recuerdos conservo de mi relación con el mar. El Mediterráneo es tan diferente al océano que hoy me salpica...

Solíamos llevarnos las butacas y la mesa plegables y una nevera azul llena de comida y refrescos para pasar todo el día. Recuerdo que la gente nos miraba, escandalizada (aquello parecía no ser normal para ellos) y con algo de envidia, quizás por la pinta tan deliciosa de la comida que preparaba mi madre. Durante la siesta, por órdenes estrictas, teníamos mi hermano y yo terminantemente prohibido el baño, así que hacíamos grandes castillos de arena con los cubos y creábamos un fuerte que contuviese el agua al subir la marea, pero lógicamente el castillo no resistía y siempre perdía la batalla en esa guerra.

Cuántos recuerdos me vienen a la cabeza... No puedo evitar pensar que todo lo que soy es heredado. Cómo hablo y cómo pienso es fruto de haber nacido en un momento y lugar concretos. Fue totalmente fortuito. Podría haber nacido en Somalia y estar pasando hambre, sería esclava sexual o podría haber muerto. El pensamiento político, la moral, la religión... ¿Y si hubiese nacido en el seno de una familia budista en China? ¿A caso sería como soy? ¿Sería agnóstica? ¿Estudiaría Medicina? ¿Y si hubiera nacido en Marruecos? Sería musulmana...

La influencia que ejerce nuestro entorno sobre nosotros desde que vemos la luz es palpable y es la que nos proporciona la base desde la que nos realizaremos a nosotros mismos cuando llegue el momento. Porque no debemos conformarnos con lo que nos han repetido o lo que hemos visto normal desde que usamos la conciencia... debemos criticar con sensatez y sacar de ello lo que nos complete, sin ser necesariamente lo opuesto a lo que conocemos, claro.

Una vez alguien me dijo que cambiar de piel es doloroso, pero es algo que todos hacemos para llegar a ser quienes somos: "¡Mírate ahora, valió la pena!".

Seres independientes y únicos (figurada y relativamente únicos), auténticos. Porque heredar es aburrido. Tras la ardua lucha conmigo misma... al final me acabó gustando lo que vi.

¿Cuándo y cómo rompí con la influencia?

Un día comprendí que mis padres (mi entorno) eran seres humanos, como yo. Podían cometer errores y equivocarse estrepitosamente, como yo. Y que ellos un día también comprendieron lo mismo de mis abuelos, etc. Cuando me di cuenta de aquella verdad incómoda, me sentí abrumada ante las infinitas formas de pensar y de actuar que existen y que son totalmente independientes a mis dos pilares y máximos puntos de referencia. Estaba mentalmente sola y aislada y tuve que filtrar todo lo que veía y oía a mi alrededor para poder moldear a la persona que sería y con la que me sintiera cómoda el resto de mi vida: Yo misma.

Los castillos de arena son firmes, pero cuidado, con el tiempo se deshacen, como lo que nos enseñan... un día se convierte en simple arena desprendida de una fortaleza, que hay que reconstruir, desde el principio, con esfuerzo y sudor.

La única forma de que la mente crezca sanamente es que nos enseñen a criticarlo todo, para poder así elegir quienes queremos ser cuando estemos preparados. Individualizar e independizar... Todos los castillos de arena, todas las ideas heredadas, no son nada si no las procesamos, si no las hacemos nuestras, desde cero... 

2 comentarios:

  1. La mayor satisfacción para unos padres no debe ser tener un clon como hijo, sino haber contribuido a formar personas libres, sensatas, independientes, responsables, cariñosas, solidarias... y que además sepan transmitir por escrito sus sentimientos de una manera tan clara y tan directa.
    ¡Como puedes imaginar, estamos plenamenta satisfechos y orgullosos de tí¡
    Es inevitable que los padres influyan en sus hijos, deseamos que nuestra descendencia sea mejor de lo que nosotros hemos sido, y como estamos convencidos de que nuestra ideología y nuestra forma de vida son las correctas, apotamos, consciente o inconscientemnte, porque nuestra prole siga nuestros pasos. Muchas veces estamos ciegos, y no somos capaces de ver que las disidencias o discrepancias de los hijos son claras muestras de esa superación que esperábamos conseguir. Disculpadnos por ello, ya que nos da pánico veros caer en la indolencia, en la apatía, en la falta de respeto y de valores, si no en la delincuencia pura y dura, que afecta a una parte más abundante de lo deseable de la juventud.
    Pero seguid vuestra senda, ya que esos valores que os hemos transmitido (capacidad de crítica, curiosidad, independencia..)no sólo han arraigado, sino que se han desarrollado enormenente. Tú eres un claro ejemplo de ello.

    ResponderEliminar
  2. Sería imposible enumerar todos los aspectos de mi vida que os agradezco de corazón, papá y mamá.

    Desde los momentos más ínfimos y aparentemente despreciables hasta los que me han marcado y han sido decisivos para que hoy pueda decir que me siento orgullosa de quien soy y de lo que he vivido. Habéis construido, sin tener un modelo en el que fijaros, (¡desde cero!) un hogar resistente y duradero, a prueba de bombas...

    ¡Padres que independicen, individualicen y que moralicen con amor y diálogo, casi hasta la extenuación!

    No cambié de camino porque doy pasos firmes sobre le que me enseñasteis, pero a mi manera y sin frustraciones, contando con todo vuestro apoyo...

    Hace tiempo escribí sobre cuál sería mi mayor satisfacción al final de mi vida. Creo que sería poder influenciar a alguien, en mayor o menor medida (un ser querido, un extraño, no importa). Transmitir el sentido de la crítica y de la duda, transmitir fortaleza y espíritu de lucha, tolerancia. Poner un granito de arena en el mundo, como mis padres hicieron conmigo. "Somos las piezas de un engranaje infinito"...

    Vosotros habéis influido en mí y os debo todo.

    Os quiero.

    ResponderEliminar