20 nov. 2011

Un domingo electoral, como otro cualquiera

Acabo de llegar a mi piso. He ordenado mi ropa en el armario. Estoy cansada, así que me envuelvo en una manta y me siento en mi sillón a escribir. Mientras escucho a Madeleine Peyroux y veo cómo la tenue luz de las velas que encendí al llegar se proyecta en la pared y me enseña el baile tímido y armónico de la llama que se consume, medito.

El día es gris y puedo sentir la fría brisa del mar sólo con mirar por la ventana. Hoy Cádiz es incómoda, los coches atascan la gran avenida y las bocinas, que se oyen desde mi calle, me recuerdan las pocas horas que faltan ya para que sea lunes y que, igual que cada mañana, el tráfico inunde, como un tsunami, las calles de esta ciudad. Las gotas de lluvia chocan contra el cristal de mi ventana y mueren en el acto, son como kamikaces que se secan con el viento, efímeras...

Hoy es un domingo cualquiera... pero nos empeñamos en pensar que algo lo hará diferente. Nos hemos cansado de estar en la misma posición. Es como si de estar tanto tiempo sentados con las piernas cruzadas, una encima de la otra, se nos hubiera dormido una de ellas y necesariamente quisiésemos cambiar de postura para aliviar el malestar que nos ha producido estar tanto tiempo con la misma. Curiosamente cuando pase un tiempo volveremos a sentir lo mismo de la nueva...

No creo que hoy cambie nada. Seguiremos teniendo las mismas inquietudes y problemas y seguirá habiendo  gente que no tenga ya nada que perder...

2 comentarios:

  1. También los habrá que aún desconociendo lo que tienen, hayan llegado para sustituir a los que no tienen nada que perder para poderlo perder todo después.

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  2. Outsider, muchas gracias por el comentario. Me ha hecho reflexionar... Espero leer comentarios suyos en más ocasiones.

    Un saludo.

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