19 jul. 2010

Odio In Crescendo


Justo después de una discusión telefónica, con sueño y sabiendo que mañana madrugo, me voy a la ducha (02:18). En ella recapacito, como de costumbre, sobre un punto clave en las discusiones de pareja...

Los teléfonos móviles:

Yo nací en una época de transición en la industria de telefonía móvil. Resulta que antes de que yo existiera los móviles se le atribuían a los altos cargos de la bolsa (esos enchaquetados y con maletín tan, tan estresados que van pegados al aparato como si de su apéndice se tratase). Ahora mi prima de 8 años, que va a misa los domingos para prepararse la Comunión, fecha en la que, por lo general, no sabes ni lo que es un grupo de amigos fuera del "cole", tiene un móvil de última generación, que sinceramente, no sé para qué lo usa. Y yo me pregunto ¿a caso tanta comunicación es sana?

Creo que se abusa del tiempo del que se dispone para conversar. Hemos pasado de no ver a alguien en años a tener a todo el mundo a un mensaje privado del tuenti o un toque o un correo de distancia. Me recuerda a veces a los carretes de las cámaras antiguas, donde todo el mundo elegía cuidadosamente la escena que quería retratar y procuraba hacer la fotografía bien centrada y luminosa ya que de lo contrario, le restaba una a la reducida lista de oportunidades que nos brindaba el carrete. Ahora con las digitales tenemos más de 200 oportunidades... ¡a derrochar!

No estoy diciendo que no quiera hablar por teléfono, sino que cada vez defiendo con más ahínco el hecho de que palabras las justas.

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